Macacha

LULÚ, LA PANTOJA DE BILLINGHURST

nota: Melisa Randev // fotos: Leo González.


Por si hay una pregunta en el aire
Por si hay alguna duda sobre mi
Hoy quiero confesarme

Angela María “Lulú” Hernández tiene 50 años. Nacida y criada en Billinghurst. Fue a la Escuela N°6 y bautizada en la Sagrada Familia. Vive en la parte de adelante de la casita de su mamá sobre la calle Pellegrini. Es una identidad trans del conurbano bonaerense, que desea que su historia sea escuchada, desde chiquito fui Lulú, en el colegio ya me pusieron así,  por pequeña Lulú, un dibujito que yo miraba.

Al entrar a su casa se observa un altar sobre un mueblecito, con telas y un velón también rojo, ofrendas a San La Muerte junto a una calavera blanca. Es la antesala del espacio de invitadxs: Una cama de dos plazas ocupa medio cuarto, la mesa contra la pared y un par de sillas. Se escucha por la ventana que da a la calle, ladridos de algunos perros y se alcanzan a entrever por las cortines el ir y venir de los vecinos en malla

Yo era enfermero de pediatría en el hospital Belgrano. Fueron épocas que no nos pagaban -era el menemismo-, pasamos fiestas sin comer ¿Y sabes qué? Me enojé con la vida en ese momento. Dejé todo y me fui a trabajar a Ruta 8. Lo que ganaba en un mes, lo hacía en un día, me podía comprar todas las pelucas que quería. En el hospital me adoraban, pero yo en esa época era gay y ya hacía los shows de la Pantoja, así que dejé para siempre la enfermería y me dediqué a ser yo.


Hoy que me sobra tiempo
Voy a contarle a todos como soy

Lulu se hizo conocida en San Martín, por hacer lip sync de “La Pantoja”. Algunes recordarán haberla visto en La Bemba o el Club de la Música en la primera disidente, cuando emocionó a la audiencia con su interpretación. Ella recuerda un almuerzo mirando Canal 9. “Cuando yo era chica, chica… tendría 18 años, todavía no era travestí todavía, estaba mirando Sábados de la Bondad, de repente el conductor anuncia a “La viuda de España” así le decían, porque su marido era torero, se había muerto en las corridas…y cuando aparece toda vestida de azul, divina, a mi me impactó, su historia, su presencia. Estábamos comiendo todos juntos: mi mamá, mi papá y mis dos hermanos, y empezó a cantar Marinero de luces, me acuerdo patente, que ahí nomás en la mesa me largué a llorar”. Tanto fue su pasión por la cantante, que llegó a conocerla, fue a ver su espectáculo al Teatro Opera, donde se acuerda que Cárlos Romay le entregó una ramo de rosas y Lulu desde la tribuna coreaba su nombre y todas las canciones.

Nos juntabamos todas las locas que éramos perseguidas en lo de Chiche, en Villa Urquiza. 

Ahí quedaba la casa de una pareja gay, una gente buenísima. ¡Cómo nos aguantó esa gente, por dios! íbamos a vestirnos más que nada para los cumpleaños. En esa época era tremendo: una vez pasé por la plaza y me llevaron detenida. Otra vez me sacaron de una perfumería como un delincuente, con Karina y la Jessy, y nos tuvieron incomunicados. Mamá… Pobre, ella nos fue a buscar y no le decían dónde estábamos. Así nos tuvieron cinco días: dos por ‘ropa de mujer’ y tres por ‘prostitución’, pero nosotras solo íbamos caminando sin hacer nada, a lo de Mónica, La Pety, acá cruzando la plaza.

En toda recuperación de memorias, el ser travesti  implica construirse un cuerpo para sobrevivir. Los corsos fueron durante muchos años, en Argentina, el único momento y lugar donde ellas podían vestirse de mujer y bailar, sin ser detenidas. Nos divertíamos y éramos felices, por eso era la época de oro, recuerda Lulú. Por su espíritu generoso y su alegría, ella será siempre querida por la gente humilde.



Hoy quiero confesar
Que estoy algo cansada
De llevar esta estrella que pesa tanto

Durante aquella época que trabajó en el ámbito de la salud, le quedó un saber muy valorado: la mano de enfermera para poner silicona líquida. “Yo me hice toda yo, el cirujano con el que trabajaba en el hospital militar me fue diciendo ¡acá así, asá! y entonces empecé a probar. Un día agarré un vaso, – y mientras me cuenta toma con su mano derecha un vaso de cerveza que está sobre la mesa y lo inclina hacia su teta izquierda- entonces dije pincho acá y pincho acá – haciendo  ademanes hacia la parte del costado superior y de la parte inferior del busto-. Me puse anestesia al 2%, me pinché y listo.” Un cuerpo en vías de recuperación, dejando entrar por un punto la sustancia para la transformación , es un cuerpo que crea metáforas con plástico, leche y corazón.

La prostitución ha sido su medio de vida en lo últimos 20 años. Muchas noches la verás caminando por el Vital. Yo vivo el día a día, la calle ha bajado mucho, pero todavía me sigue dando de comer. Hay noches que estamos ahí paradas hasta las 3 o 4 de la mañana y no levantamos nada. Ojo, tengo clientes fijos, que he levantado de años. Somos un par de chicas que nos cuidamos entre nosotras, nos vamos pasando el dato también y nos volvemos caminando con una vecina de acá la vuelta, porque sóla quedarte ahí, ni loca, es para problemas.


Que perdí en el camino tantas cosas
Que me hicieron a veces tanto daño
Tanto daño, hoy quiero confesar

Reiteradas veces Lulú se ha visto amenazada por algunos clientes. Una vez al subir al auto ¡Tac! el tipo puso las trabas y yo al escuchar el ruido enseguida me zafe y corrí. Otras le intentaron amedrentar con armas de fuego, facas o navajas, muchas veces con golpes de puño o intentos de estrangulamiento; de todas salió, incluso tirándose de un auto en marcha y saliendo apenas herida con algunos rasguños.

Como a la mayoría de las travestis y trans, Lulú encaja perfectamente en esa mística que las baña con cierto halo de misterio ritualístico hacia los cultos paganos. Siempre me interesó el tema de  las energías, es que esto es un poco de familia también, porque mi abuela que era correntina, fue curandera, mamá también aprendió de ella. Yo soy Marianista, osea soy seguidora de la virgen de San Nicolás, pero al Gauchito Gil yo le prendo la velita, le prendo un pucho y le pido que me proteja cuando salgo a la calle, es eso… siempre él me ha cumplido. Pero también porque soy Marianista, quise ponerme María en el documento. 

Ella aún no ha podido tramitar su DNI, quizás porque los tiempos de las instituciones no coinciden con su ritmo de vida, pero cuando vaya, dice que, va a elegir ponerse el nombre Ángela, que es la versión femenina del nombre elegido por sus padres. 


Si estoy alegre o triste quien lo sabe
Si todo el mundo tiene la razón

Gracias a dios siempre fui muy querida, en la escuela, en mi familia. Mi mamá en ese sentido fue muy buena: cuando caían detenidas las chicas, ella les llevaba la comida, porque si íbamos nosotras, caíamos detenidas también. Ella hacia guiso y les llevaba, te lo pueden decir todas las chicas que la adoran. Incluso al día de hoy, aunque yo vuelva de trabajar a las 5 o 6 de la mañana, mamá me llama todos los mediodías para comer juntas. Después, la siesta es sagrada.

En 1999, Lulú migró hacia Zárate tras un futbolista que le robó el corazón. Estuve con él 17 años. Tuve 4 parejas en mi vida y todas fueron duraderas, pero yo ya me conozco, sé que si me enamoro la paso mal. Su traslado a Zárate significó el fin de las salidas a las comparsas y las andanzas con las travas del barrio.


Hoy quiero confesar
Que estoy enamorada
Por matar los rumores de aquella esquina

Allá, no dejaban entrar a las chicas trans a los boliches, así que también los tuve que educar. Les decía que iba a traer a la CHA o al INADI, no me acuerdo cual estaba en esa época. Les amenazaba con que iba a hacer una manifestación y los iba a denunciar, entre los dueños del boliche y la policía se pasaban la pelota. Yo seguía yendo igual. ¿Cómo podía ser que no dejaran pasar a ninguna de nosotras? Insistí mucho, ¡Hice un rututú bárbaro! Fui al diario, a la radio y salió bien. Un día viene uno y medio en secreto me tira: 

-Dice el comisario que pueden ir a bailar cuando quieran. 

Desde ahí nunca más sacaron a las chicas de la fila. No hace tanto tiempo de esta anécdota, y podría ser una postal de cualquier otro lugar, porque en nuestro país aún en muchos lugares todavía se maltrata y vulnera a  “las chicas trans”. Muchas veces estas identidades dislocadas de la normalidad, fueron y son nombradas como el putito o el marika, él travesti o el bufarreta; con adjetivos peyorativos, que dejan muy en evidencia los orígenes transodiantes de nuestra cultura.

En 2016, regresó a la casa familiar, su madre enfermó y acudió a Lulú para que se encargargara de sus cuidados. La experiencia en ese pueblo del interior de Buenos Aires la volvió más combativa, pero sin perder la ternura. Cuando llegué, al principio algunos me preguntaban cómo me tenían que decir. Una vez iba a comprar pan acá a la vuelta y uno de los pibitos le dice a los otros: 

– Mirá el puto. 

Al rato sale el papá, que me conoce porque nos criamos juntos, y me dice: 

– ¡Hola volviste!

El pibe se quiso morir. No sabes la cara que puso. Y yo le pregunté 

-¿Vos sos algo del chiquito? 

– Sí. Vení que te lo presentó. 

Y ahí yo le pedí por favor que le diga que no me grite esas cosas, porque si yo vengo con mamá y escucha que me dicen puto, se va a sentir re mal y ahí el padre le pegó un cachetazo y le dijo:

– Lo vas a respetar y pedile disculpas.

Yo le dije que no era para que le pegue. Nunca más me dijeron nada así, al contrario, algunos me quieren levantar

En el mundo de Lulú, ser deseada por los más jóvenes, es casi como un regalo. En estos momentos,  atesora el perfume entre sus sábanas de Jonatán un chico de 24 años, con quien comparte hace meses una relación  que nos relata con cara de niña enamorada.


Hoy quiero despojarme
Y desnudar el alma
Para que sepan todos como soy

Esta nota tiene el propósito de recordar, pero también de sanar esas marcas que han herido o roto algo de nuestra trama social. Que no se nos olvide, que en la gesta del nombre propio, hay muchas otras que también fueron Lohanas, Dianas o Claudias Pías. 

* “Hoy Quiero Confesar” Letra de José Luis Perales interpretada en la voz de Isabel Pantoja en 1985.

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