Macacha

EMPODERADAS DEL ARRABAL

NOTA Melisa Randev | FOTOS Sabrina Castro Torres

Son un grupo de mujeres y disidencias que oscila entre los 25 y 50 años. Vienen de recorridos completamente diversos, se encontraron en la primera convocatoria, se vieron a los ojos y notaron que algo estaba cambiando para siempre en sus vidas. Tenían formaciones tan diversas como ellas. Para Griselda, esta “fue una orquesta inclusiva desde el inicio”. 

La orquesta atípica “La Empoderada” está conformada por un grupo de mujeres hacedoras, que se juntaron para tocar tango. Pamela Victoriano estaba convencida que se tenían que armar orquestas de Jazz, Tango y Folclore conformadas por mujeres. Finalmente prendió el 2×4 y, en una laboriosa y deseosa  primavera de 2018, salieron a las pistas como La Empoderada, orquesta de tango. Desde entonces, han encontrado en el género una excusa y una pasión; ellas forman parte un movimiento artístico que viene sonando y reclamando por el cupo femenino y de las disidencias, en los escenarios de nuestro país.

Son mujeres músicas, que disfrutan de aprender unas a las otras. “Muchas venimos de la Escuela de Música Popular de Avellaneda, otras de conservatorios de otras provincias o países”, contó Griselda Bustello, socióloga, docente y tanguera de corazón. 

El proyecto nace de una propuesta mundial, promovida por el Banco de Mujeres Músicas, que surgió en Europa. Este movimiento, tiene como objetivo producir un espacio de encuentro y pertenencia de las músicas, visibilizar la participación activa de las mujeres en la música y derribar falsos mitos: “no hay suficientes mujeres con talento; las mujeres no convocan público.”

Según los estándares de las orquestas típicas de tango -bajo la composición y dirección de los grandes varones del tango- las formaciones están regida por una forma tradicional que asigna ciertos sesgos al género. En sus comienzos, el tango se ejecutaba con guitarras, flauta y violín, y con el paso del burdel y el suburbio hacia las grandes salas de baile, el bandoneón reemplazó a la flauta; retomada después por Astor Piazzolla y por los compositores a los que se les asigna el mote de “La Guardia Nueva”. Dentro de las miles historias que cuenta el tango, también se teje un ser nacional, un sujeto social, que hacen a la mística de la ciudad de Buenos Aires y el espíritu porteño. 

Las Empoderadas ensayan en la sala La Vitrola, una casona antigua de pleno barrio de Boedo. Una puerta de madera que da a la calle San Juan. 

Suena el portero y subimos las escaleras. Desde dentro de la sala, se escuchan las flautas traversas afinando con el bandoneón. Luego, la primer violinista, con acento de provincia, les cuenta que mandará algunas indicaciones al grupo (de whatsapp) sobre la puesta en escena del espectáculo:  ¡ACÁ ESTAMOS! Otra de las violinistas refuerza que es el último ensayo antes de salir a escena, así que una vez que comienzan a tocar no pararán. Están todas muy apretadas, en los atriles cuelgan pañuelos verdes, son más de treinta músicas: dos guitarristas, dos bandoneonistas, cinco cantantes, cinco violinistas, tres clarinetistas, tres flautistas una saxofonista, una contrabajista y une pianista.

Tocan arreglos y composiciones de ellas mismas. No tocan obras de Pugliesse, ni de De Caro, ni de Salgán, ni de Manzi. Estos héroes nacionales, con nombres de calles y estaciones de trenes, son algunas de las tantas representaciones machistas de esta sociedad. Esos  lugares sexistas que encontró el tango para la mujer, roles como la madre sagrada, la puta, la milonguita, la percanta, la embustera que le rompe el corazón a un hombre, son las estructuras que se mueven cuando ellas comienzan a tocar.

En la sala se abren paso los primeros acordes de “Mi ciudad y mi gente”, de Eladia Blásquez: letrista, poeta, pianista, compositora y cantante, que irrumpe en la escena de los años ´80, y es una de las tantas para homenajear. Sus melodías bañan la sala de La Vitrola, con sincopados e impetuosos sonidos. Los ventanales que dan a la avenida San Juan,  vibran con la potencia de esas mujeres haciendo propio un género, dando un paso hacia el pulso de equidad. Creando juntas. 

Andrea Soccorso, es chelista y estudió junto a otras integrantes del conjunto,  en la escuela a cargo de Goñi, uno de los más destacados compositores del género. Andrea se siente orgullosa de ser hija de este tiempo histórico, sabe que hay mucho por desmitificar del machismo en el tango, pero esta orquesta está muy lejos del imaginario social de la competencia y la rivalidad. “Tenemos claro que aquí hay compañeras que saben más, que han estudiado el género en más profundidad, y entre nosotras prima la confianza”, dice.  Por eso, también se reconocen como “hijas de la cuarta ola del feminismo”.

“Todas trabajamos por igual”, refuerza Griselda, por esta razón, sabiendo lo que implica visibilizar estos emprendimientos, han decidido conformarse en una cooperativa y desarrollan las actividades que implican gestar y sostener una orquesta, en comisiones de trabajo. Es decir, además de trabajar en la Universidad o en escuelas dando clases, también son estudiantes,  madres, intérpretes, compositoras, como también productoras y gestoras. Una comisión de prensa se encarga de la difusión, mientras que la de finanzas, hace sus cuentas, y así sucesivamente. “Muchos se quedan asombrados, cuando ven lo bien organizadas que estamos, no hay nada más lejos que la competencia entre nosotras”: La Empoderada es un ejemplo más de sororidad y escucha mutua, que exige “la presencia de más mujeres en el tango”. Ambas entrevistadas, supieron reconocer que muchas de esas figuras, han sido solo conocidas por ser cantantes, no así instrumentistas casualmente, porque también es entendida a “esa mujer” como un cuerpo para la exposición delante del escenario, desde donde puede seducir a las audiencias. En esta reflexión también se resaltó “la necesidad de encontrarnos”, para  encauzar los debates en tanto a los géneros populares y patriarcales, desde donde se requiere generar otra base de datos, actualizando los repertorios, que ya no son símbolo de nuestra sociedad contemporánea, ni nos representa enteramente.

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