Macacha

LAS PIBAS QUIEREN TACKLEAR

Texto Florencia Moreno

Video Ivana Fernández

Fotos Lais Giovannini

Cae la noche, se intensifica la luz  fría y el Club de Rugby La Salle, enciende los reflectores para iluminar el paso que se abre hasta un círculo de chicas estirando.

“¡Corran chicas vamos!” grita uno de los entrenadores. Todas emprenden al trote por el campo, una tras otra. 

Todo va sucediendo, observo pasar la cotidianeidad de sus tardes en instantes breves, desde el  saludo entre compañeras, hasta el comienzo pre calentador. Entre las sombras se relucen algunas piernas extendidas y un óvalo disparado. De fondo suenan aplausos alentadores. 

A los costados aparecen las jugadoras lesionadas armonizando el descontento de alguna, que por un momento se desploma. 

Las Ogras son una continuación de apodos, se llaman entre ellas en tonadas sobrantes, se animan a empujarse en el juego, pero luego se aman de par en par, como una vorágine verde que traspasa la rutina del deporte.

“Todas tienen un apodo y si no tenés uno te lo inventamos, aunque no se pueden decir todos los orígenes” dice riendo La Negra, capitana del equipo.

Hace cuatro años comenzaban siendo ocho madres que organizaron la construcción del primer equipo de rugby femenino certificado en la Unión de Rugby de Buenos Aires (URBA), no solo del Club La Salle, sino también del barrio de San Martín. 

Los logros se van acumulando, hoy ya son veinticinco jugadoras. Aunque no es suficiente. Cuentan de todos las piedras que tienen en este camino que eligen defender y una es la niñez en el rugby femenino.

“En infantiles había una nena sola, ahora está entrenando con los varones, pero no la dejan jugar los partidos” dice La Negra.

“El tema de las nenas siempre es más complicado. A nosotras nos encantaría y peleamos por que hayan infantiles femeninas, pero bueno no podemos porque no disponemos de profes mujeres para que por ejemplo puedan compartir baño o vestuario. Además nos enfrentamos a diversos comentarios ignorantes que atrasan un montón, como cuando nos dicen -Si pelean para que los varones no les peguen a las mujeres, porque van a luchar para que sí se golpeen en la cancha. Esas son cosas externas que tenemos que aguantar. Nosotras creemos que la inclusión enriquece al deporte y en la URBA se van hablando estas cuestiones, pero todavía cuesta mucho.” dice Mechu, integrante de Las Ogras.

Mientras el tiempo se abrevia, unos pequeños interrumpen salpicando carcajadas cómplices de las travesuras que van inventando, entonces comienzan los turnos para cuidarlos y así continuar la jugada. 

En grupos van rotando de esquina a esquina y se relucen en los obstáculos del entrenamiento. La intención del juego es evitar el contacto y a la vez es inevitable, las miro en la profundidad. La dinámica exponiendo toda la presión física posible y escudándose de a tantos. Se ubican en ataque, corren, caen y renacen alto en alguna tackleada.

Ellas necesitan del cuerpo entero, es un deporte que prende de un hilo extenso de reglas y técnicas para caer de manera correcta. Dependen de la mente y el compañerismo absoluto, pero las pibas al rugby lo resignifican, porque además es un puente que se extiende para conquistar más derechos. 

La importancia de que las mujeres participen de este deporte hace a un campo feminista de lucha más presente, para ganar un lugar en esta institución y en el deporte en general. Para que la distinción de género se rompa y haya mayor igualdad. Se puede lograr siendo parte e invitando a tus amigas, acá hay lugar para todas, no necesitan tener conocimiento previo. Lo más importante es acompañarnos para seguir unidas, poder avanzar en este deporte y seguir creciendo.” dice La Renga, integrante de Las Ogras.

Caerse y rasparse, comerse un codazo resonante en las costillas, quedar sin aire  sobre el pasto fresco y putear, porque duele más no poder jugar el próximo partido que golpearse. Son pocas y todas coinciden que el problema no es el ingreso de nuevas pibas, sino la prosperidad de todas en el equipo.

“La captación depende de nosotras, publicitarnos en redes y hacer todo lo posible, no solo para que vengan nuevas chicas, sino para que se animen y  tomen el compromiso.” dice la Negra.

Todo cierra en un círculo que nuevamente se forma. El equipo se acopla entrelazando los brazos y agachando las cabezas, los minutos se congelan para las correcciones. Se hidratan y suspiran. La noche va terminando, pero se alarga exclusivamente para la charla final, una que incrementa la motivación para construir jugadas y más resistencia.

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