Macacha

PRIMER ACTO: LA INCLUSIÓN COMO GESTO POLÍTICO

Fotos: Leo Gonzalez

La inclusión es un gesto ético, político. Es la posibilidad de entender que la diferencia nos acerca. Nos habilita a reconocernos más auténticos, porque nos deja a la intemperie en nuestros prejuicios, miedos y soledades. Puede ser una forma de mirarnos más desnudos y libres de ataduras. Esto no quiere decir que entonces sólo por el encuentro la inclusión estará dada. Es necesario un proceso incómodo, salirme de mi yo, involucrarme, apasionarme por esa persona con todo lo que me representa para dejarme ver en mi condición y la del otrx en su existencia. Y recién desde allí darnos signos, convidarnos a transformarnos. Implicarnos verdaderamente, y más allá de un pensamiento jurídico como una acción humana que nos libera. Un punto de partida para correr el ego, para reivindicar la posibilidad de transformarnos hondamente, porque en definitiva todxs somos extranjerxs , todxs somos otrxs .

Entrevistamos a Roxana Bernaule, actriz-docente y directora teatral

-¿Qué herramientas acerca el teatro de inclusión a la sociedad?

Roxana: -”El teatro es en sí mismo un ritual de encuentro. Cómo miramos a las personas y cómo somos miradas nos constituye como sujetos. En este caso el teatro lleva a ese estado de expectación en donde nos vinculamos o encontramos con la excusa de crear, de representar algo de los universos que habitamos e imaginamos. En nuestras formas de representación se pone en juego todo nuestro imaginario del mundo. Cuando eso se traduce en una producción y llega a las personas que se sientan en la butaca pasa algo más, que no sé si es tan claro definirlo, pues lo estaría encerrando en algo concreto y creo que estos tiempos sociales son de mutación constante, por lo cual no quedamos ajeno a ello. 

El teatro en sí nos desnuda en esa forma de mirar, tanto a los que lo hacemos como a los que espectan. Hay una percepción poética del mundo, me atrevería a decir, y nos atraviesa, no nos vamos iguales a como llegamos. Se trata de estar permeables, personas entusiasmadas en ese estado de presencia. Salir de lo propio para extranjerizarme y estar completamente dispuesta a ser otra persona. Y sin tener que renunciar a mi identidad. De eso se trata nuestro oficio teatral, que desde la perspectiva de la inclusión nos pone en jaque, despierta y embellece. Pues en este acto se encontrará a sí mismo dándole sentido a cualquiera de las emociones que lo atraviesen .Y desde allí me arriesgo a decir que nos transformamos en personas comprometidas con nuestra manera de vincularnos con el mundo. Por la singularidad de que en el teatro entrenamos la mirada.”

-Desde lo geográfico, lo perceptivo, la lingüística y lo emocional, ¿tiene límites la inclusión?

R: -”No hablaría de límites si pensamos en inclusión pues creo sería una contradicción. Sin embargo, esos límites están ya sea creados, impuestos, disimulados. Las fronteras pueden ser muchas, en nuestro barrio una Avenida suele dejar a muchos con más o menos posibilidades. Desde la mirada sobre la discapacidad han sido años de construcción para desmitificar ese lugar en que las personas la colocan siendo muchas veces infantilizada, sobreprotegida, prejuzgada como una persona que sí o sí debe ser cariñosa o sexual o asexual, pero en definitiva no valorada en lo que es, en este caso artista. El teatro nos dio la posibilidad de interpelar la mirada mostrando a la persona en lo que se siente llamada a ser, verla expandida y comprometida en su búsqueda artística. En nuestro territorio los límites y las fronteras tampoco quedan circunscriptos sólo a la discapacidad.También la condición social excluye. Cuando hacemos teatro inclusivo, lo hacemos para todas las personas y , por eso mismo, vamos en busca de esos encuentros con lo que queda invisibilizado y desvalorizado para crear más acercamientos, otras estéticas. 

En estos años comenzó a surgir un cambio de paradigma sobre la inclusión rompiendo estereotipos vinculados al asistencialismo o el trabajo terapéutico y que opere directamente como estética teatral, como teatro profesional. Pero no fue sencillo y sigue siendo un espacio a construir porque vuelve nuevamente a romper cánones establecidos en lo que es el teatro profesional y, al mismo tiempo, con el teatro comunitario o amateur o terapéutico. Creo que al hablar de lo perceptivo, lingüístico y emocional en términos del trabajo teatral con personas con y sin discapacidad depende de los procesos, y cualquier proceso de aprendizaje no es limitante sino ya deberíamos cambiarle el nombre. Creo que el límite en la inclusión está dado por lo que se invisibiliza, extranjeriza, eso nos deja de un lado u otro no importa la condición de la persona. Es una óptica, una forma de mirar, que se convierte en un gesto ético como dije al principio que nos acerca o nos distancia.”

-¿Qué proyectas al hacer teatro inclusivo, con qué expectativas?

R: -“Lo que proyecto tiene que ver con lo que me sigue conmoviendo, movilizándome por dentro y la expectativa en ese caso es que “contagie” el deseo de involucrarnos con esas vidas que creemos ajenas y que tanto nos identifican y transforman, que no nos dejan anestesiarnos, que nos dejan incómodas para producir verdaderos movimientos. El teatro hace lo suyo en eso, cuando podemos despojarnos de las etiquetas y las personas pueden estar ahí juntas, creando, habitando la escena ,con todo ese presente, que no te deja soltar, te expone abiertamente en esa mirada de mundo y te desafía a destronarte, a ser generosa y perceptiva. Eso no se da en cualquier entrenamiento teatral, eso se encuentra en ese entre que establecemos. Cuando nos hacemos cargo de no mentirnos, de realmente habilitarnos inseguras, frágiles, coléricas, equívocas, distintas para potenciarnos. Y yo quiero compartir sueños con personas que están abiertas a esos procesos.”

-El teatro inclusivo tiene muchos mensajes a la sociedad pensada hegemónicamente y que se cree en los cánones de lo normal en las obras, ¿cuál sería el mensaje final?

R: -”Los mensajes son múltiples, y depende del material que se elige para contar. No hay un solo mensaje final, tampoco sé si es que quiero que llegue un mensaje cerrado. Un maestro me decía que el teatro cuando sucede, cuando está ahí es una con-moción, un cortejo permanente que nos altera en algo a veces por su poesía, por las interpretaciones, por las imágenes, las sensaciones, por el texto, por la puesta o simplemente porque nada de eso nos gusta. Pero sin embargo no podemos dejar de hablar de eso. Si eso sucede, bienvenido, porque algo sucedió y como artistas uno desea que algo quede, que algo pase. Ese ritual único siempre en su versión es una invitación, obviamente yo deseo que te vayas con la panza llena y quieras volver, pero si te cae mal o no te gusta como la condimenté, te vas incómodo o insatisfecho, bueno, ya no lo puedo prever. Yo te espero con la mesa servida. Así me gusta hacer teatro, y ahí me gusta que haya lugar para todas las personas y las pienso porque eso sí me parece importante, que a esa invitación asistan todos los cuerpos posibles con sus infinitas condiciones y que en la escena puedas también encontrarte en esos cuerpos. Cuerpos que son disímiles, frágiles, rechazados, potentes, olvidados, poéticos y tanto más. En eso que se ve y presencia hay belleza alejada de los cánones de lo normal, es la provocación directa y yo considero que eso es bello y la belleza se comparte.”

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