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DE BONICH A EUROPA: “LA NEGRA FLORES”, PRIMERA JUGADORA VENDIDA AL EXTERIOR

POR Florencia Moreno | FOTOS Sabrina Castro TorresLeo González

En un campeonato y con mucha gente mirando, me quisieron desnudar para ver si era varón.

Para sentir el placer del fútbol su cuerpo debía escapar, trepando los muros de cristal que la separaban del exterior que estaba ahí, esperando a que lo viva.

Mi papá era una persona que pensaba que la mujer tenía que estar adentro, pero yo me escapaba por la ventana y cuando volvía, ya sabía que me esperaba un cinto.

Amalia atajó el goce de su independencia y jamás lo soltó, nada ni nadie logró que renuncie a la satisfacción del goteo deslizándose por su frente, producto del arte del deporte o de la albañilería.

Trabajaba mucho, lo que más me gustaba era ser albañil, era algo que me encantaba hacer y sigo hasta ahora. En el laburo me chocaban un montón, porque si lo hacía mejor que los demás se quejaba. Estaban el oficial, el albañil, el peón, y si yo resaltaba más que cualquiera, eso era un gran problema para ellos. Además fue muy difícil para mi papá, se enojaba porque él pensaba que solo con su sueldo íbamos a estar bien, me preguntaba: “¿A usted le falta algo? ¿Por qué trabaja, no alcanza con lo mío?” Pero yo quería mis cosas, quería lo mío y ser independiente.

En el barrio de oído a oído, se desataban hilos recelosos del talento de “La negra Flores”, quien pateaba más fuerte que ninguno, quien arremetía traspasando la red del prejuicio, quien era comparada con el gran ídolo de cualquier amante del futbol: Diego Armando Maradona.

­Fascinada, se nutrió del futbol desde pequeña y observó a sus hermanos y padre dedicarse al arbitraje. Pero su lugar siempre fue el del juego orgánico de una goleadora.

Empecéa jugar en un club de barrio en Suárez, 5 de noviembre se llamaba. Después me fui a Mariano Acosta que era futbol de salón y después a Yupanqui donde empecé a jugar de 11 y ahí me quedé, hasta el 90 que me venden al Caveiras de Italia, a la vuelta jugué en River y después en boca que es donde terminé profesionalmente porque me jodí la rodilla.

En el año 1990, desde Villa Bonich partido de San Martín, hasta el continente europeo, Amalia saltó muy lejos y sin darse cuenta, se convirtió en la primera jugadora vendida al exterior.

El día que me buscan en Yupanqui para jugar en Italia, veía mucha gente que nos miraba y no pensé que en ese momento me venían a buscar a mí, por ahí pensaba que iban a buscar a una de 16 o 17 años, no de 30. Fue una experiencia muy linda, aunque no entendía nada. Para mi familia fue una sorpresa, porque me tenía que ir de un día para otro y encima sola. En Europa el futbol femenino es muy distinto, es profesional, es con categorías como acá, y cobras. Después de cuatro meses volví y todo seguía igual, como si no me hubiera ido. Si en ese momento tenía manager, todavía estaría allá.

En la actualidad, ella sostiene que por más que la convoquen, su papel en este deporte no es el de dirigir.

Me convocaron en Yupanqui para dirigir, ahora está resurgiendo el futbol femenino en el club, pero a mí me gusta jugar ¿Qué te puedo decir, enseñarte, qué te puedo enseñar? Para mí el futbol es una diversión, mi momento de pasarla bien, pero así de solo competir, no.

La compilación de tantas experiencias resurgió la sabiduría de esta jugadora. Para Amalia, la unión hace que la victoria no sea solo ganar, si no el mismo acto de acompañarse.

-En Yupanqui había más compañerismo que en Boca y en River. En Yupanqui si una compañera no tenía para viajar, juntábamos entre todas y la ayudábamos, en boca lo te daba la vestimenta y si no tenias para viajar no te ayudaban. Además, en Yupanqui si veíamos que una quería ser más que otra nos reuníamos y acordábamos que a esa no le íbamos a pasar la pelota y no se la pasábamos, juagaba pero no la tocaba, porque o jugábamos en equipo o no jugamos nada.

Su crítica y análisis se actualizan a través de los años, comprendiendo los cambios de paradigma.

-Creo que la misma fuerza que pone la selección femenina, debería poner la masculina. Ellas pelean hasta un empate. Para la AFA el futbol femenino es solo un gasto, porque no genera la misma ganancia que el de hombres. Cuando jugué en Italia fui a ver mucho futbol femenino profesional y te preparaban más, hasta te hacían correr en la arena, acá ni ahí y por eso las chicas se quieren ir a jugar a Europa. Para que se les dé más espacio a la mujeres en el futbol hace falta que el presidente de AFA dé el “sí”, que todas tengan su sueldo y dónde practicar, hacerlo profesional y en iguales condiciones.

Hoy son cada vez más los equipos de chicas que transforman en conjunto una realidad que necesita desprenderse del estigma social. Amalia forma parte de un equipo de compañeras de trabajo de una cooperativa del Movimiento Evita que es donde además, sigue con su oficio de albañila.

Nosotras antes para poder jugar un campeonato teníamos que hacer dedo, una rifa o pedir a algún vecino que te alcance, pero ahora te ayudan más. Hoy a las chicas les queda animarse no mas, que se suelten, acercarse a entrenar y que los clubes de barrio ayuden también. También se ve un público que se acerca a los partidos femeninos a ver cómo se patean, se golpean y de repente se encuentran con otra cosa, ellos piensan que van a ver como se agarran los pelos o se dan patadas pero después se sorprenden.

No hay lesión que la frene, ella demuestra que el fútbol no puede quedarse dormido, no puede esperar en un banco a que lo llamen. Amalia quiere que haya más Amalias, quiere que cualquier piba se apasione por el fútbol sin prejuicios ni frenos, ni muros ni techos de cristal.

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