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A 50 AÑOS, SEGUIMOS SIENDO ESA HUMANIDAD

por Melisa Randev


/ Bajo la lluvia alrededor de 600 personas concentramos en plaza de mayo para marchar en la 4° Marcha Plurinacional contra los Travesticidios. A pesar del clima, permanecimos en la vereda de la Plaza congreso hasta la noche escuchando a les oradores leyeron el documento de forma colectiva. Exigieron mejor y mayor calidad de vida para nuestra comunidad, el fin del genocidio trans, reparación histórica y cupo laboral ya.

Las últimas resoluciones tanto del poder judicial como legislativo, que fomentan la represión y dan más poder a las fuerzas policiales, nos demuestran que es imprescindible la presencia de las disidencias en las calles para poder resistir al retroceso de los derechos que pretende imponer el gobierno neoliberal de Mauricio Macri.

Durante la marcha hablamos con Gala, mujer trans jujeña que narró muchas de las violencias que se viven a diario en el interior del país. “Se invisibilizan muchísimas muertes, ya son más de cuarenta muertas en lo que va del año y es realmente espantoso, por eso es necesario estar acá para exigir justicia por las que ya no están”.

Los 28 de junio, más que un decorado multicolor, son un día de hartazgo de los abusos policiales. Este día, se conmemora el primer levantamiento trans torta marika sucedido en un bar de los suburbios de Nueva York, llamado Stonewall Inn, durante una noche calurosa de 1969.

El pasado viernes y a 50 años de esta revuelta lgbtiq+ -que tuvo como protagonistas a migrantes y sudakas-, el obelisco, el planetario y otros tantos lugares emblemáticos de la Ciudad de Buenos Aires, se iluminaron con la bandera del arcoiris. Sin embargo, una simple fetichización de los colores del orgullo, no alcanzaron para ocultar lo que viene sucediendo. Las calles también se tiñeron de rabia ante la injusta y lesboodiante sentencia contra Marian Gomez, condenada por “resistencia a la autoridad” mientras se besaba con su esposa, en un “lugar público” – de la ciudad más cosmopolita de este país – como así también se llenaron de reclamos de justicia por los travesticidios y crímenes de odio que atentan contra la comunidad.

Mikel, se auto percibe como una masculinidad no binarie, es de Villa Luzuriaga, contó que fue a la marcha para “visibilizar, para exigir que dejen de matarnos y que la ley de identidad de género se cumpla en todos los establecimientos del estado, para que podamos también tener consultorios diversos

El movimiento transfeminista trava sudaka latinoamericano, junto a organizaciones sociales, agrupaciones estudiantiles, sindicales, y de derechos humanos, marcharon rumbo al Congreso Nacional, en donde se montaron dos escenarios. Separades por metros de distancia, les “abolicionistas” por un lado y les reglamentaristas por otro. Más allá de las definiciones y construcciones que cada “sector” tiene, es necesario  sacar la discusión del plano netamente intelectual, para poder ver la realidad, como diría Lohana “ en las esquinas estamos bien juntas la una y la otra” porque más allá de cómo se nombre, la esquina de la zona roja, sigue siendo una realidad que atraviesan las travas. 

A siete años de Ley de identidad de género, e incluso con el precedente que sentó la condena por el travesticidio de Diana Sacayán, el sistema judicial, demuestra no estar a la altura de la demanda de nuestros derechos fundamentales. Los travesticidios sociales son otra de las formas cruentas  desde donde la heterosexualidad obligatoria opera. Una persona trans muere cada 20 horas en la argentina, y solo el 1% de ellas, llega a los 60 años.

El cierre de la jornada tuvo cumbia y copeteo y volvimos a gritar ¡Lohana Berkins Presente! ¡Ahora y siempre! se presentaron artistas como Lola Bajan, entre otras. Homenajearon a Claudia Pia Baudracco, Diana Sacayán, Maite Amaya y tantas otras, ellas fueron el faro para nuestras luchas y son las que le abrieron lugar a las juventudes trans, que nos dan fuerzas para seguir cantando y bailando, reirnos y abrazarnos fuerte, desafiando al status quo.

Lo único que realmente puede destruirnos es olvidarnos de nuestra memoria, y permanecer obedientes, impávides ante la crueldad y el odio.


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