Macacha

SER DRAG Y HACER POP SIN DAR EXPLICACIONES

Texto: Florencia Moreno / Fotos: Facundo Nívolo

Mientras camino bajo un sol que pierde atrás de la plaza Kennedy, observo un coche fúnebre y me doy cuenta de que llegue a destino. Antes que el timbre suena Cleopatra, la perra. Luego de saludar a su padre Brigidio, nos fuimos directamente a la cocina.

Los vínculos más preciados son aquellos que te fortalecen a través del resurgimiento. La desdicha fue el devenir de uno de los más importantes propósitos en la vida de Florencia Torres.

– A veces me pregunto ¿si mi mamá no hubiese muerto, yo tocaría la guitarra? Y quizás no, quizás hubiera elegido algo más cómodo, una carrera que me asegure el bolsillo. Pero ese fue el destino, y generó en mí un hueco que no se puede llenar con dinero.

Tenía apenas once años cuando su madre falleció de cancer. ¿Cómo elegimos ser quienes deseamos, en medio de las penumbras. Fue ese el desafío que Flor tuvo que vivir a temprana edad.

– Yo en ese momento sentía que no había en mi vida un capitán, porque a mi viejo le costó mucho superarlo y me sentía a la deriva. No sabía de dónde aferrarme. En ese entonces era como una tormenta interminable, pero por suerte sucedió algo que me salvó. Una vecina que laburaba en un teatro sabía lo que estábamos pasando y nos invito a ver una banda: El otro yo. Bueno ahora que ardan en el infierno, pero en ese momento me voló la cabeza. Observar a la gente haciendo pogo y mosh fue una revelación para mí. Inmediatamente me vi en el escenario, supe que ese era mi lugar, mi razón de ser. La música en mi vida se presentó de esa manera en ese momento… y yo la abracé.

Flor toca guitarra, bajo y batería. Una de las razones por las cuales se dedica a hacer música, es por su hermana, Alejandra Torres, que ponía “al palo” Bon Jovi, y que además es pura energía en los momentos más difíciles.

– Mi hermana mayor, era la adolescente copada que me hacía escuchar música todos los días. Para mí siempre fue un ejemplo a seguir. Tiene una enfermedad incurable que es la esquizofrenia pero aun así es quien más expresa cariño en la familia. Para mí era y es la persona más empática que conozco y siempre está presente cuando la necesito.

A sus catorce años, Flor era una joven que pensaba en Robert Smith todo el tiempo y se preguntaba cómo un hombre podría pintarse así, entonces se perdía en aquel mundo donde también existía Sumo, David Bowie y Flema.

Su primera experiencia en una banda fue junto a sus compañeros del secundario: el “pety” y Santiago. Se ríe nostálgicamente al recordar la mezcla rara de covers que hacían, desde Kiss hasta la Mancha de Rolando o punk.

Mientras charlamos, los recuerdos se manifiestan en un vaivén inagotable de suspiros, pero también la conversación ancla en la actualidad cuando empezamos a hablar de los equilibrios entre el estudio y la creatividad, en una realidad económica difícil, donde las horas parecen no alcanzar.

– Quiero ser profesora de música, pero está jodido. Está mal el sistema, es como que te piden muchos requisitos y en mi caso el nivel ya lo tengo. Dejo curriculums en todos lados y no me llaman. Aparte siempre fui camarera, ¿pero si no me dan la oportunidad, entonces cómo voy a tener la experiencia que te piden? En cuanto al conservatorio, me quedan dos años y medio, que son difíciles. Requiere de tiempo, siento que estuve demasiado en eso y poco creativa, por eso este año también me estoy poniendo las pilas en lo que es proyecto propio porque quiero componer y tocar más.

Uno de los arduos objetivos a la hora de crear, es encontrar un estilo. Lo esencial no puede “caretearse”.

– Siento que lo que más me costó fue encontrar mi identidad al momento de componer. Me llevó un tiempo tener la conciencia más tranquila para poder imaginar y sacar algo de mi interior, llevarlo al sonido y representarlo en canción. En un momento de mi vida nada de lo que hacía me terminaba de convencer. Recién estos últimos años me encontré y siento que hago algo que me gusta.

“La Infancia de linus” es la banda Indie donde Florencia se deja llevar. Un conjunto de piezas que encajan, un absoluto compañerismo.

– Es difícil conocer gente que se comprometa, que entienda tu música y estilo. Por suerte los conocí a ellos: Helena toca la batería, Nacho es el bajista y Agustina toca los teclados y hace los arreglos. Creo que tienen una musicalidad increíble y como amigos son muy positivos. Tiran para adelante.

Pero no todo queda en la escena de bandas de rock, sino tambien surge en ella “Florencio London”,  un personaje que fluye más allá de una performance.

– Lo del drag king empezó como una joda y al final me re copó. Estaban buscando chicas para participar en un concurso que se llama “Carrera de reyes” y que organiza Lucy,”Armando Bruno”. Me animé y lo fui construyendo de a poco, el nombre lo elegí con la ayuda de una amiga que es de Escocia, que como a mí me gusta la música británica, entonces me sugirió ponerle Florencio London.

Lord Florencio London es un señor clásico de los años treinta, un caballero que de repente se transforma, con su traje sobrio y un bigote de glitters, en alguien que se siente listo para brillar.

– La gente te lastima cuando creen que es necesario saber si la persona que está mirando es hombre o mujer. Hay muchas veces que me siento observada de esa manera y no se dan cuenta de que es una desubicación. La discriminación duele, y yo cuando hago de Florencio me curo de alguna manera, porque aunque sea todo chiste o fiesta, estoy exorcizando aquello que la sociedad genera por que no entiende mi sexualidad. Con el dragueo me saco el gusto de hacer un pop gay bien manija, algo musical que es diferente a lo que hago en mi banda, porque las letras son más picantes y controversiales, atravesadas por la militancia LGBT+. Lo disfruto mucho, me siento una persona libre, puedo fantasear, decir lo que pienso de una manera comprometida y sin dejar de tener humor.

Nunca ajena a la música, Florencia Torres, es una galaxia en construcción. La vida y las situaciones hirientes y el nacimiento de su pasión por la música, hicieron de ella una artista drag como pocas, que se expresa sin tapujos y se planta en los escenarios con ritmo; orgullo y mensaje.

– El sabor del arte es poder mostrar algo que a la gente la deje pensando, que incomode si hace falta, que haga ruido. Voy a seguir explotando ese lado más humano, con canciones que toquen el tema de la auto percepción, porque hoy siento la responsabilidad de hacer eso; de hablar de ser uno mismo, sin tener que dar explicaciones.

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