“Cuando le pregunté, me dijo que a los 16 años no quería tener una hija”

Como a otres niñes, a Morena se le ocurrió preguntarle a su mamá cómo eran las cosas cuando ella estaba adentro de su panza. En ese diálogo surgió una pregunta que nokeó a Lucía: “¿Má, vos te pusiste contenta cuando te enteraste de que estabas embarazada?”.

Texto: Cristian Godoy García/ Fotos: Facundo Nívolo

 

Estaba en el anteúltimo año de la secundaria, becada en un colegio católico de Loma Hermosa. Tenía 16 años cuando se enteró. El embarazo no estaba dentro de sus planes, pero la falta de acceso la información y estigma a su alrededor no convertían al aborto una opción. “Maternar en la adolescencia no es lo que realmente deseamos, independiente de que algunas personas lo hayamos hecho. Quedé embarazada y no tuve otra opción porque el aborto estaba relacionado con la muerte”, explica Lucía.

En un informe que presentó en Junio de este año, Amnistía Internacional expresó su preocupación ante las Naciones Unidas por la vulneración de los Derechos Sexuales y Reproductivos y la falta de acceso a la Educación Sexual Integral que sufren lxs niñxs y jóvenes en nuestro país. Los datos revelaron que en 2017 se registraron en el país 72.791 embarazos adolescentes no deseados, lo cual representa una tasa de 41,9 % cada mil mujeres de entre 15 y 19 años.*

Una de las consecuencias de la maternidad en la adolescencia es la interrupción de la trayectoria escolar. Según el informe de Amnistía Internacional, el 30% de las jóvenes que abandonaron sus estudios, declaran haberlo hecho como consecuencia de un embarazo o maternidad. La madre de Lucía fue consciente de esta posibilidad, por eso apoyó a su hija cuando le pidió que hablara en la escuela. “Le dijimos al director y lo primero que hizo fue ofrecerme el pase a un colegio nocturno para que empezara el próximo año, pese a que la fecha para parir y las faltas me daban. Él solo insistía con darme el pase” cuenta Lucía.

 

 

 

 

“Cuando le pregunté si me había querido tener, miró para otro lado y me dijo que a los 16 años no quería tener una hija, no quería ser madre pero que ahora si quiere ser mi mamá. Mis amigas me preguntaron si  me quisieron abortar por una publicación que ella hizo en Facebook, les respondí que no, que hablaba del patriarcado”, explica Morena (10). Entre estar embarazada y ser madre existe una brecha que la marca el deseo y eso Lucía lo conoció gracias al feminismo, tardó tiempo en repensarse adolescente y cuando se permitió ser sincera consigo misma fue transformador.

“Esa maternidad fue forzada u obligatoria, en términos de que no tuve otra opción, no conté con  información como para acceder a un aborto. Continué con ese embarazo porque fue lo único que me quedó. Después vino Morena y obvio que es lo mejor que me pasó en la vida. Pero como no quería construir mi maternidad desde un lugar hipócrita y se lo dije, yo a los 16 años no quería ser madre, pero eso no quiere decir que yo hoy no quiera ser su mamá” afirma Lucía.

 

Su testimonio da cuenta del mecanismo patriarcal de discriminación que pesa sobre la mujer. Son ellas quienes enfrentan la discriminación ante un embarazo precoz y/o no planificado. También son ellas a quienes se les recortan las posibilidades de decidir sobre su propio futuro y el modo de transitarlo. “Recuerdo que en esa época nos enterábamos por lo bajo quien estaba embarazada y al tiempo dejábamos de verla en el colegio, con suerte la cruzábamos en la calle con su hijo/ hija o trabajando en algún local porque las obligaciones que tenía habían cambiado”, relata Lucía.

A nivel estatal, además de un marco normativo que regule el acceso al aborto de manera libre, segura y gratuita, la herramienta que hoy se les niega a las mujeres -y lxs pibxs en general- es la Educación Sexual Integral. La escasez y subejecución de políticas públicas en torno a la implementación de la Ley de ESI -reglamentada en el 2006-, llamaron la atención del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA) y la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (Feim), que elaboraron un informe en el que señalaron al Comité de los Derechos de Niño: “Dado el carácter federal del Estado argentino y que el sistema educativo se encuentra dentro de las esferas de regulación provincial, la mayoría de las jurisdicciones no imparte los contenidos de la ESI y el Ministerio de Educación de la Nación no ejerce su función de rectoría indispensable para garantizar los contenidos mínimos en todo el territorio del país”. Lucía también sabe esto, por eso elige la franqueza con Morena: “Supongamos que More a los 16 años queda embarazada. Yo no quiero que ella piense que porque yo lo hice o porque otras mujeres lo hicieron, ella tenga que bancársela y maternar. Yo quiero que ella decida con libertad y para eso primero tengo que blanquearle las cosas como fueron”.

 

 

 

Sororidad como respuesta

A mediados del 2013 un grupo de pibas conurbanas se organizaron en José León Suárez para dar una respuesta a la desidia estatal. Así surgió La Hoguera, una consejería feminista que no solo pelea por el aborto legal, seguro y gratuito sino que remarca la dignidad en dicha práctica.

No solo se empoderaron reconociendo al aborto como un derecho humano, sino que vieron que la falta de información veraz era una forma más de violencia. A partir de eso se formaron de saberes técnicos y científicos, tejieron redes con los centros y profesionales de la salud para que otras personas no pasaran solas por esa situación. En mayo pasado Lucía junto a otras compañeras presentaron en SUTEBA San Martín el trabajo que venían realizando desde hace cinco años, un cuadernillo que evidencia de manera empírica cuales son las problemáticas con las que se enfrentan, como le dieron una respuesta y las historias de las personas a las que han acompañado cuando decidieron interrumpir voluntariamente su embarazo.

“Si en algún futuro Morena necesita esa información, quiero que ella diga que su mamá trabaja en una consejería o que conoce una salita donde pueden acercarse. Que asista a esa compañera porque nosotras somos agentes de cambio” afirma Lucía.

– ¿Cómo te sentiste con la respuesta que te dio tu mamá?

– Al principio pensé: ¡Uh no me quiere! ¡La forzaron a tenerme! Pero cuando explicó y me dijo que con más información podría haber abortado, me sentí feliz porque no me mintió. Pero no podía dejar de sentir tristeza y rabia por todas esas pibas que se quedaron embarazadas y sin información murieron por culpa del patriarcado.

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