Las sub 20 se plantan: educación sexual para descubrir, anticonceptivos para disfrutar, aborto legal para decidir

Fotos: Facundo Nívolo // Txt: Eliana Esteves

El feminismo tiene nuevas protagonistas: las pibas de entre 15 y 20 años llegaron para arrasar con lo establecido y conquistar los derechos que saben que les pertenecen. Cómo se inscribe su potencia en la lucha por el aborto legal y los derechos sexuales y reproductivos.

Llueve un poco, otra vez. Hace frío. El pañuelo verde se entremezcla con la bufanda y se esconde por momentos entre sus pliegues. Entonces se ata a un brazo. O en el pelo. O en una muñeca que se alza y sostiene una mano que se abre y sube para luego bajar y batir golpes sobre el bombo, el redoblante, la boca que canta, que ruge. La misma muñeca que se agarra a otras manos para bailar a los saltos en una de tantas esquinas de Avenida de Mayo al ritmo que presagia que el Patriarcado y el aborto clandestino se van a caer. La columna avanza hacia el Congreso y le da calor a la noche. En ese momento la calle es mujer encendida que late entre nubes de purpurina verde y el ritmo de las comparsas. En un sector particular de la columna, los cantos y la energía se intensifican. Llegan los colegios secundarios.

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Las pibas saltan, gritan, bailan, se reconocen y se anuncian. Se reafirman dueñas de la calle, ese espacio que se les niega constantemente pero que en ese momento no le pertenece a nadie más que a ellas. Y lo saben. “Hemos decidido conquistar nuestra libertad”, sentenció hace unas semanas en el Congreso la referente estudiantil y ex presidenta del CECaP, Ofelia Fernández, que con 18 años se le plantó a las diputadas y diputados durante el debate en plenario de comisiones. Enarboló así en el Congreso la bandera de las pibas, que vienen a reclamar los derechos que les pertenecen porque se saben responsables por y para ellas mismas.

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“Yo creo que luchar es un deber. Si no lo hacés vos, no lo van a hacer por vos. Mi mamá me cuenta de cuando era joven y fue a la plaza con Alfonsín. Adultos siempre hay, pero si vos no te movés y abrís la cabeza, no sé qué podés esperar que hagan nuestros padres, madres, abuelos. Queda en nosotros, y desde vos podés modificarlo en alguien más grande. El movimiento siempre va a salir de los jóvenes.”, explica Malena, alumna de una escuela pública de Capital, de 17 años. Y es que las pibas no vienen a pedir permiso. Las adolescentes de entre 14 y 20 años ganaron la calle marcha a marcha y son las que más agitan la marea feminista, que está en plena creciente.

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La lucha por el aborto legal es para ellas un punto de partida en la soberanía sobre sus cuerpos y a la vez, el fin del sometimiento que implica la maternidad no deseada. Para Ariadna, estudiante de 16 años, el eje del debate es claro: “representa el fin de la clandestinidad que se llevó a muches. Es un derecho que nos merecemos. Participo en la lucha porque entiendo que no pasa por la moral. No es “aborto sí, aborto no. Es un tema de salud pública y debe ser tratado como tal”.

En la cadena de responsabilidades, les adolescentes no dudan en identificar al Estado como el depositario de la responsabilidad total de garantizar el acceso a sus derechos y libertades, y a su vez, como agente de socialización y normativización de sus roles de género: “El Estado tiene que hacerse cargo de que esa práctica sea gratuita y segura para todas las personas gestantes. Y es el mismo Estado que me dice que tengo que ser madre y que lo tengo que hacer de una determinada manera, y que si falto al trabajo por eso me van a descontar tanta guita y que si no me hago cargo de la casa es porque soy una mala madre. Nosotras terminamos desempeñando un rol en base a esas expectativas”, explica Malena.

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A las consignas de las pibas las respaldan las estadísticas: en Argentina, cada año nacen unos 3000 bebés de madres de menos de 15 años*. El 81% de ellas tienen entre 10 y 14 años, edad en la que no existe el consentimiento ante una relación sexual -el límite legal son los 13 años-. Se trata lisa y llanamente de hijos nacidos de violaciones, que en un 75% de los casos son cometidas por un familiar de la víctima. El 80% de las niñas y niños abusados tienen entre 0 y 12 años. **

“¿Y cómo no te vas a enojar, si el 90% de la mierda proviene del mismo lugar? Yo en el curso veo que me dicen “la enojona” o “uh ya empieza”, o en Twitter, que preguntan por qué gritan tanto, o por qué prenden fuego un patrullero. Y nos están matando”. Fátima, estudiante de un colegio católico de San Marín, explica lo que pareciera innecesario de explicar. Pero las pibas también tienen vocación de educar: “En un principio es la pelea, pero después tenés que entrar en el terreno de la pedagogía y encontrar una manera de que el otro se sume a la lucha. Para ganar algo como esto tenemos que ser todos”, cuenta Malena.

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Y así, empoderadas y haciéndole burla a cualquier tipo de solemnidad rancia, las adolescentes se calzan sus pañuelos de todas las formas posibles e interpelan directamente a las instituciones en su núcleo socializador: la familia, las escuelas y la iglesia. Fátima le apunta directamente a un Estado laico: “Recae en el Estado la responsabilidad de realmente separarse de la iglesia, actuar. Las cosas pasan y hay que moverse. Es el único que tiene el poder de cambiar la realidad de nuestras vidas.”

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Y es que nada se salva en la oleada de deconstrucción que traen con ellas y que abarca desde sus identidades de género hasta los privilegios de clase: “Tenés que ser consciente de los beneficios que tenés en cuanto a que la sociedad no te excluye como excluye a otres. Lo mínimo que podés hacer es darte cuenta de que no sólo vos sufrís. Es empatía”, resume Fátima.

En el marco de su lucha por la conquista de derechos, el acceso al derecho al aborto legal, seguro y gratuito es inescindible de la aplicación de la ley 26.150 de Educación Sexual Integral -ley sancionada en 2006-. Al respecto, Malena señala que la no reglamentación de esta ley tiene un impacto directo en sus vidas: “Es notable cómo los pibes tenemos dudas al momento de llevar una relación sexual, como por ejemplo, sobre el rol que ocupamos sexualmente las mujeres. Y es algo que te termina afectando, porque todo lo social te afecta. Somos seres sociales. No hay manera de que no te toque. De ahí podés pensar, “bueno, las cosas son así, me voy a acostumbrar” o “no loco, a mi no me copa que me traten así”.

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“La ESI no debería ser un tabú y no deberían postergarlo a los últimos años de educación secundaria. Las ITS son sólo VIH y el preservativo es el único método anticonceptivo. No enseñan más que eso”, señala Ariadna. Poca o nula información sobre anticoncepción, penalización del placer y la heteronorma como única posibilidad son las condiciones generales: “Nunca se nos habla de género y sexualidad. Se nos trata a todes como cis paki, por lo que muches se sienten presionades.”. Fátima agrega: “Tuve salud y adolescencia y una unidad fue sobre las definiciones de los métodos anticonceptivos. Pero no vimos nada sobre, por ejemplo, métodos de protección para relaciones homosexuales”.

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Las pibas hablan con potencia. No dejan ningún cabo suelto en el esquema de violencias que las atraviesan y sintetizan el presente que están revolucionando pensando siempre hacia adelante: “Yo me imagino diciéndole a mis hijas, mis sobrinas, mis nietas: ‘¿sabían que cuando yo era chica el aborto era ilegal?’ Como cuando nos dicen ‘las mujeres no votaban’, como algo que quedó allá atrás”. En su proyección no hay fantasía sino afirmación. No dejan otro lugar para la opresión que el pasado porque encarnan ese futuro que llegó hace rato entre tambores y glitter y que no conoce amor más grande que la libertad.

* Estado de la situación de la niñez y la adolescencia, de UNICEF Argentina, realizado en el 2017

** https://www.argentina.gob.ar/abusosexualinfantil/estadisticas

 

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