“NO ES LO MISMO SER LESBIANA EN CAPITAL QUE EN EL BARRIO”

 

Texto: Cristian Godoy García / Fotos: Lara Otero

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“Nos agarramos de las manos, nos besamos entre dos, tres o cuatro. En cambio, acá lo hacemos y está mal, estamos expuestas a más violencias. Es importante salir para visibilizarnos y gozarnos. Si nos seguimos escondiendo no vamos a lograr la revolución que queremos”, compara Gina Salazar, 22 años, de Morón las vivencias en la ciudad con las del conurbano bonaerense.

Una clown juega con lxs niñxs, ningunx pudo resistirse a las burbujas, les pide que cada vez que revienten una hagan un sonido distinto, a los pocos minutos se mezclan las risas con ruidos extraños. En otra parte de la entrada a la estación Aristóbulo del Valle, en Florida, un grupo de cuatro pibas despliegan una bandera y buscan engancharla en los postes de luz. Otras dos se paran sobre los bancos y cuelgan banderines con dibujos de tijeras. Prueban el sonido saludando por el micrófono y enseguida ponen play, suena Sudor Marika: “Me cae muy bien el amor entre chicas pero que no dejen de ser femeninas, me cae muy bien y un poco me excita, pero ellas saben que me necesitan” dice la canción, a modo de burla.

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Es 7 de marzo y, desde hace cinco años, se celebra el Día de la visibilidad lésbica en homenaje a Natalia “Pepa” Gaitán (27), una lesbiana fusilada en 2010 en Córdoba por el padrastro de su novia. La justicia no lo consideró un crimen de odio. Como respuesta, todos los años las lesbianas activistas se juntan en diferentes puntos del país para exigir justicia y hacerse visibles frente a una sociedad machista que las discrimina, odia y asesina, como también sucede con otras identidades sexuales que son desobedientes.

 “Yo también me defendería como Higui” dice uno de los carteles, recordando el caso de otra piba de San Miguel, también lesbiana visible y chonga, es decir que transitaba su vida pública con apariencia masculina sin disimular sus gustos sexuales, y que fue encarcelada por defenderse para evitar una violación grupal. Al momento en que ella actuó en legítima defensa habían tratado de someterla al grito “te vamos a hacer mujer”.  De los tres varones que atentaron contra su vida, uno termino muerto de una apuñalada.

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La libertad para Higui se consiguió gracias a la organización colectiva.  movilización y reclamos de diferentes organizaciones de lesbianas y movimientos populares que tomaron las calles y convirtieron este caso en una bandera de lucha, logrando así visibilizar las violencias a las que están expuestas en el cotidiano.

Candelaria Goyer (22), de Villa Gesell, vive hace unos años en Capital Federal, estudia trabajo social y explica: “Si sos mujer la ecuación del machismo y la sociedad patriarcal es que te tienen que gustar los hombres.  Sos mujer tenes concha y te gustan los hombres, sos varón tenes pito y te gustan las minas. Venimos acá a decir que esto no es así, que existimos que somos un montón de lesbianas que nos deseamos a nosotras, a las tortas. Venimos a poner el cuerpo y visibilizarnos”.

 

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La jornada cultural transcurre en la estación de trenes que está a metros de Puente Saavedra, donde la General Paz traslada trabajadorxs desde zona norte y capital a zona oeste y viceversa, mientras el tren y la panamericana cruza ese recorrido desde Villa Rosa, Boulogne o Munro hacia Retiro. El momento de mayor caudal de manifestantes de la actividad de visibilidad lésbica, coincide con las 19hs, hora pico donde, la gente regresa a sus casas.

Comienzan los cánticos de la Actibanda, un grupo de pibas que desde hace algún tiempo se presentan en diferentes marchas. Con tambores y redoblantes improvisados con bidones vacíos cantan: “Aborteras, tortas, putas, parias, disidentes, trans, travas, chongas y maricas, la manada a marchar. Hacemos orgías al sol, nos gusta bailar. La fiesta ritual, el exceso y su lengua bestial.” Enseguida se forma una ronda, lxs transeúntes curiosxs se comienzan a acercar, excepto dos monjas sentadas en unos bancos alejados que parecen inmutables a la música y la muchedumbre.

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Cuenta Manuela (26), estudiante de historia de la UBA, oriunda de Adrogué: “No vivimos en el conurbano con tanto orgullo o apertura como lo hacemos en otros lugares donde nos sentimos más seguras, amparadas en la manada de lesbianas que sale a la vida pública. Por eso importante que seamos nosotras quienes portemos las banderas, las que pongamos los carteles y las que tomemos la voz y digamos lo que queremos decir.”

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