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Una locura que se convirtió en familia

Los paranoicos llevan más de 16 años bailando al ritmo del carnaval en San Martín. Hoy, proyecto mediante, el grupo integrado por familiares y amigos de todas las edades, busca ser reconocido como Patrimonio Cultural del partido. 

Nota: Carolina Monteleone // Fotos: Evelyn Schonfeld

Cuatro amigos en una casa decidieron que estaba bueno juntarse y hacer ruido y quilombo. Empezó como una cosa de chicos, después les gustó mucho la onda y fueron por más. Hoy ya hay hasta cuatro generaciones familiares en la murga: abuelos, padres, hijos.” Cuenta Ariana, una de sus participantes mas comprometidas. Los Paranoicos comenzaron siendo cuatro. Hoy son casi cien personas entre las que se cuentan treinta menores de todas las edades, Las Mascotas, y el grupo más grande de mujeres, Las Chichis.

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A todos los une el mismo lema: la murga es familia. Esa es la premisa de Los Paranoicos y por eso sus carnavales son tan queridos por el público. Donde tocan ellos se prioriza, por sobre todas las cosas, un espacio tranquilo en donde los padres puedan llevar a sus hijos. Entre las normas de convivencia que promueven, la principal es la del espacio familiar. Por eso durante sus festivales no se vende alcohol en la plaza y los integrantes de la murga no pueden ingerir bebidas alcohólicas si llevan los trajes puestos; todo para cuidar el espacio y a las personas que concurren a él.

Rocío, una de las integrantes de Los Paranoicos cuenta: “La última vez tuvimos que hacer toda la murga en la plaza y obviamente fue un lío porque había mucha gente y no podíamos usar la calle. Fue tan grande que cuando lo vio el intendente de San Martín nos terminó dando un permiso para cortar la calle”. Ariana, otra de las murgueras, recuerda eso y se ríe junto con Rocío. Ambas saben con certeza que tienen muchos seguidores. “Igual siempre se nos complica para pedir los permisos, nos ponen muchas trabas y aparte siempre hay algún vecino que se queja y eso complica las cosas” termina de contar Ariana.

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Aun así, este tipo de contratiempos no detiene a Los Paranoicos. Muy por el contrario, los incentiva. Es así como nació de ellos mismos el proyecto para volver a la murga como Patrimonio Cultural. La finalidad del proyecto es que la murga vuelva a ser reconocida de la misma manera que en Capital Federal, donde las murgas reciben ayuda monetaria por parte del Estado.

Gabriela es de “Las Chichis”. Técnica en Gestión del Arte y la Cultura, está trabajando para que la murga pueda ser reconocida como un movimiento social autónomo, autogestivo, familiar y sobre todo cultural. “La idea es declarados Patrimonio Cultural del barrio de Villa Ballester y si no, del Partido de San Martín. Queremos ser reconocidos ya como una entidad cultural por el espacio que estamos ocupando desde hace 16 años”, cuenta Gabriela.

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Con ese proyecto en marcha Los Paranoicos esperan tener resultados a mediados de este año. Mientras tanto, siguen dictando sus talleres intensivos gratuitos y para todas las edades. Las actividades son percusión, los pasos básicos y los diferentes ritmos de la murga. En los talleres se practican las canciones y, además, se les enseña a todo el que quiera cómo preparar su propio traje murguero.DSC_0408

“Es que la murga es muy solidaria y aparte acá somos todos iguales” comienzan a contar entre risas y mates “Las Chichis”, el grupo de las abuelas de la comparsa. Son nueve mujeres, la mayoría con varios años de murga y con hijos bailando a su lado cuando los bombos comienzan a sonar. En la murga al que no puede se le ayuda, con un poco de comida, con un traje prestado o simplemente ofreciendo compañía en los momentos que se necesita.

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Mientras Gabriela sigue hablando la música de los parlantes va sonando cada vez más fuerte, la plaza comienza a tener más visitantes, el sol se va alejando y las espumas empiezan a venderse más rápido. La hora de carnaval está llegando. Los murgueros tienen que empezar a prepararse. Empiezan a desfilar los primeros trajes y la gente comienza a acercarse a la calle para guardar los mejores lugares del espectáculo.

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Los y las Paranoicas se desplazan, cada uno al puesto que le corresponde. A algunos les toca vender las espumas, a otros estar en la parrilla, a otros les va a tocar la limpieza del lugar. Y mientras todos se van preparando el grupo de Las Chichis concuerda en algo: “Acá te vas a encontrar con un médico, una maestra, el barrendero o el linyera y eso es lo lindo: el poder compartir ese momento con todos porque somos todos iguales”.

 

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