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Amor entre redes: el individuo, la soledad y el consumo

Pablo Riveros es graduado de la Universidad de Buenos Aires en sociología y en la última jornada de dicha carrera presentó su última investigación de un tema en boga: la fragilidad de los vínculos afectivos en la modernidad. Para eso, enraizó su investigaciones en las ya-muy-reales redes sociales para entender cómo se materializan allí dos aspectos de la cultura capitalista: el individualismo y el consumismo. No temer, aún hay esperanza.

Texto: Guillermo Poysegu Peier / Fotos: Gastón Stark

 

“¿Por qué estoy solo?, ¿por qué me cuesta estar en pareja?, ¿por qué solamente con esta persona puedo tener sexo y no algo más?”, revuelan las preguntas en el aire, a veces en tono de lamento, en la ciudad, en un bar o en una plaza. El oído académico de Pablo Riveros vibró y su curiosidad se vió redirigida a encontrar una respuesta. El sociólogo oriundo de Loma Hermosa, congujó las investigaciones que ya trataron este tema y buscó darles una nueva perspectiva, la suya. Como resultado: una investigación que presentó en el marco de las jornadas de sociología de la UBA, institución donde asistió. A él, las preguntas no le resultaron extrañas, además de escucharlas en boca de amigos, colegas y conocidos, se encontró varias veces con el mismo interrogante en su cabeza, como cualquier individuo que ha pasado períodos de soltería.  “El mandato es ser flexibles. Esa flexibilidad propia de la economía, se traslada y refleja en las relaciones sociales, incluidas las relaciones afectivas”, resuelve triunfal y explica la ecuación que aprisiona: “Si hoy sos flexible, sos más útil.”

 

Del departamento de paredes blancas y muebleria del popular estilo escandinavo, queda poco cuando comienza su presentación: todo se transforma en un auditorio y se revive la esencia de la ponencia. Detrás suyo, el ventanal que da al pulmón del edificio, y enfrente una pequeña audiencia, que es arrastrada a convertirse en la mesa examinadora. “Como sociólogo, sabía por otras investigaciones que esto es una regularidad. No hay una explicación individual, hay explicaciones sociales”, explica Pablo que, actualmente, se desempeña como asesor de comunicación en la jefatura de gabinete de la Nación. En sus manos sostiene la última versión de su investigación con útiles anotaciones en lápiz. En la mesa apoyados uno encima del otro, sus principales aliados: las publicaciones de los autores que retomó en su trabajo. Entre ellos resaltan el psicoanalista alemán, Erich Fromm y el sociólogo y ensayista polaco que falleció a comienzos de este año, Zygmunt Bauman.

 

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Mientras merienda un yogurt con trozos de frutas dispersos en un bowl blanco con detalles en azul, continúa la exposición: “un  primer aporte es profundizar la explicación que dieron otros. Yo apelo a una corriente del materialismo histórico”, continúa entre bocado y bocado. Por su formación y, también, por su contexto familiar se formó en dicha doctrina. La teoría marxista parte de una premisa básica: la coexistencia de dos o más clases sociales en una constante lucha que moviliza los cambios en la historia y la sociedad. En 13 carillas, aplica su prisma marxista y su instrumental teórico para profundizar en clásicos como El arte de amar de Fromm, y la más reconocida producción de Bauman, Modernidad Líquida, cuyas principales aportes inundan la ponencia. En resumidas cuentas, Bauman entiende que en la modernidad los lazos sociales adoptan una forma líquida, contraponiendose a los vínculos en la antigüedad. Al no contar con la contención de las estructuras sólidas tradicionales, el individuo se transforma en un nómada, vagando en soledad. Para Pablo, esa soledad se replica en los lazos amorosos y, para él, subyace una explicación marxista: la flexibilización económica.

 

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“En el 70, el capitalismo sufre una crisis muy importante y la salida fue reinventarse, digamos, cambiar las cosas para que nada cambie. Deja de regir la estabilidad, y el mandato pasa a ser la flexibilidad”, comenta el sociólogo de 27 años. Desde su perspectiva, se interpela a los sujetos a “ser flexibles para poder adaptarse a los constantes cambios que hay en la sociedad. Estando uno solo es más fácil”, explica. Pero, si la flexibilidad y una consecuente soledad son imperativas, entonces, ¿por qué en el sujeto flexible y solitario la pregunta aparece en tono de lamento?   “La soledad se padece y, en otros momentos, también se disfruta. Pero, si solamente nos ven para garchar y nos ven como un cuerpo, un objeto de consumo y no como personas, en ese caso, el grito es: ¿por qué me ven como un objeto de consumo y no como un ser humano, único e irremplazable en el mundo?”, explica la enajenación del sujeto moderno.

 

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En la pequeña antesala previa al dormitorio está la biblioteca blanca donde reposan una extensa discografía de Charly García y obras de reconocidos autores. Entre ellos resaltan dos tomos tapa dura de El Capital de Carlos Marx. El tono autorreferencial toma cada vez más fuerza en Pablo: “que me vean como un objeto de consumo y no como una persona es por la cultura del capitalismo. No me ven como una persona sino que me consumen. Consumir es lo opuesto a amar. Es devorar la cosa, tirar el desecho y reemplazarla por otra cosa. Amar viene a ser más perdurar en el tiempo y fusionarme con el otro.”

 

¿Esa es es tu definición de amor?

Pablo: son las definiciones de amor de otros

 

¿Y la tuya?

Pablo: es re difícil definir el amor, pero creo que va por ese lado Por el lado de la estabilidad. Igualmente, la pregunta con la que cierro mi investigación es si amar hoy es lo mismo que la definición tradicional. Porque, al fin y al cabo, hoy experimentamos el amor como situaciones más intensas y, seguramente, mucho más cortas. Podemos ver a varias personas que tienen muchas parejas y no una sola que sea hasta que la muerte nos separé.

 

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Por otro lado, el segundo objetivo del sociólogo/comunicador es enfocar su análisis en las redes sociales, preguntandose si éstas potencian la fragilidad de los vínculos humanos y de qué maneras en particular. A diferencia de los autores que retomó, Pablo asegura tener una ventaja: “Yo, como usuario, puedo ver algunas cosas que ellos no y puedo usar ejemplos concretos para ver cómo”, y así bajar el nivel de abstracción de los conceptos empleados por dichos autores. “Yo aspiro que la sociología le pueda llegar a todos”, agrega convencido. Instantanemante, se levanta de la mesa y va a buscar unas imágenes que acompañaron la ponencia. “Las tecnologías de la comunicación siempre fomentaron la formación de nuevos vínculos, y hoy, paradójicamente, hacen que esos vínculos sean más frágiles”, dice y deja sobre la mesa un pilón pequeño de hojas A3. Se trata de capturas de pantallas de posteos o perfiles en las redes sociales, donde se hace carne virtual la individualización y el consumismo. “Apto para el consumo humano”: cínica pero real, esa es la descripción de una persona en su Instagram.

 

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A diferencia de los póstumos Fromm y Bauman y su mirada pesimista, Pablo entiende a las redes sociales como herramientas. “Me criticaron bastante pero yo voy a seguir sosteniendo que, para mi es útil definirlas así porque uno puede usarlas de una manera o de otra”, aclara y da como ejemplo su posibilidad de mantener una relación desde su reformado departamento en Barrio Norte con un amigo que, actualmente, reside en Japón. La resistencia se encuentra en salirse de “este modo consumista de acceder al otro como un objeto de consumo a través de las redes”, sugiere y asegura que, gracias a la investigación comenzó a tomar conciencia de sus comportamientos en las redes y ha empezado a tomar distancia de algunos.

 

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Arriba del sillón gris donde Pablo es el objetivo del lente se encuentra un cuadro grande de Charly García, con su famoso bigote bicolor, la misma imagen que tiene como portada en su Facebook, allí pareciera encontrarse lo virtual y lo real. Mientras posa incómodo, sigue hablando para superar el momento. Surgen temas como la emancipación de la mujer, las experiencias de amigos con relaciones abiertas, la legalización de la droga y la prostitución y, por último vuelve a surgir el tema que engloba toda la ponencia: el amor y ahí dispara una última reflexión: “¿Vivimos el amor de otra forma? Si, eso está claro”. Pero, al momento de pensar que otras formas puede tomar el amor se queda, inicialmente, mudo para luego admitir: “No tengo esa respuesta. Ojalá la tuviera”.

 

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