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EL ARTE DE TRANSFORMAR: BOOM CHAPADAMA

La compañía independiente de teatro, danza y percusión urbana y corporal cumple 4 años de tocar por General San Martín. Oriunda del distrito, lleva en su carne el ritmo del barrio y, además, una propuesta conceptual diferente: el montaje de sus obras está enteramente realizado por material reciclado levantado de la calle.

Texto: Guillermo Poysegu / Fotografía: Laura Sofía Muiños

La puesta en escena, el vestuario y los instrumentos son basura. No se trata, solamente, del afán de economizar en tiempos difíciles, sino que, en su conjunto es una declaración poética. “Me interesa que lo sucio tenga también una carga onírica”, comenta Lautaro Simione, la cabeza del grupo, y continúa: “vivimos en una época del consumo desenfrenado, en la que no está muy claro qué hacer con los objetos que ya no tienen una relación sensible con nosotros y los expulsamos. Lo mismo con las personas. Y, a la vez, todo eso tiene magia porque todo se puede transformar”. Eso es Boom Chapadama, una compañía independiente de percusión corporal y urbana, conformada por 8 integrantes reunidos bajo el ideal mágico de recuperar lo desechado y transformarlo.

 

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Lautaro vive con otra de las integrantes, Cintia, la cantante de la compañía, en Casa Felina, una propiedad alquilada de Villa Lynch en San Martín. No es la primera vez que su casa se transforma en la sala de ensayo, donde se juntan 3 veces por semana, y tampoco es la primera vez que se quedan hasta tarde en pleno debate. “Venimos creando esta familia hace 4 años”, comenta Luciana, remitiendo a sus orígenes como taller municipal en la Casa de danza. “Yo vengo del palo del tambor y a los 17 comencé a estudiar teatro”, explica Lautaro. “El taller comenzó como un proyecto que presenté a la Subsecretaría de Cultura y fue bastante anarquista porque yo nunca había hecho percusión con tachos pero lo aprobaron”, comenta y el resto del grupo acomodados alrededor de una mesa en la cocina se ríen. “Mi investigación fue una especie de traducción de los ritmos que yo tocaba en el tambor a los tachos. Probé distintos materiales. Los tachos tienen una particularidad y es que son únicos. Uno de chapa no suena igual a uno de plástico”, explica.

Algunos estuvieron desde el principio, como es el caso de Cintia, Yesica, Barbara y Natalia. Luciana y Alex entraron cuando la compañía se empezó a armar. Y la última incorporación fue Diego. Todos tienen distintas trayectorias: Barbara, Yesica y Luciana siempre se dedicaron a la danza, Alex toca la batería, Diego hizo teatro y circo, Cintia es estudiante del profesorado de artes visuales y Natalia es profesora de educación física. “Mi base es Boom Chapadama. Yo no tenía noción de mi veta artística y acá como que fui descubriendo todo. No es una mera descarga del movimiento, acá estamos expresando desde el alma”, comenta Natalia que se autodefine como inquieta.

 

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“Cómo es una propuesta multidisciplinaria no te queda otra que ensayar. En un momento estás actuando, en otro tocando y luego bailando. No es que sabes bailar y solo haces eso”, explica Yesica, mientras convida un mate rosa y agrega: “los primeros años fueron más duros porque todos entrabamos a hacer algo distinto, ahora, nos enfocamos en crecer en lo que nos cuesta más”. Alex, que se incorporó luego de ver  una presentación de su hermana, Cintia, cree que “La cuestión está en mezclarnos lo más posible. Y algo de esa baraja sale en escena”. El resultado es un híbrido completo entre la percusión, la danza y el teatro.

Luego de dos años decidieron desligarse del espacio estatal y conformar la compañía independiente, “porque no teníamos un vínculo político o algo así”, justifica Lautaro. “Se empezó a armar orgánicamente un subgrupo de gente que tenía ganas de tocar y participar más. Nos empezamos a hacer amigos y a conocer más”, rescata el director de pelo corto, enrulado y tirando a rubio ceniza. Para ese entonces se había mudado a un monoambiente con un sótano lo suficientemente grande como para contener los ensayos del naciente grupo. A los seis meses, llevaron su primera producción al teatro Plaza: Tacho en grito.

 

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Bajo la dirección conjunta de Lautaro y Nicolás Greco, que ya no forma parte de la compañía, se realizaron 3 estrenos de la obra, mientras que, simultáneamente, se desarrollaba otra producción: el concierto de percusión. “Se trabajó muchísimo en lo que es composición a partir de lo teatral, como la posibilidad de la percusión de contar historias y generar los climas para que las imágenes comenzarán a aparecer”, explica Lautaro mientras que alrededor de la mesa giran dos mates en sentido contrario a las agujas del reloj sin chocarse.

De esa forma es que fueron surgiendo los personajes que, hoy en día, interpretan y forman parte de un escenario poco particular: “un mundo poético con objetos de otro tiempo que se van descubriendo. Una especie de chatarrero sonoro, donde estos personajes fantásticos se relacionan interpretando sus toques”, agrega Lautaro. Por debajo de las sillas, pasea Nuez, la gata de Cintia en busca de mimos, contoneándose contra las piernas.

Los personajes nacieron del juego y a partir de los disparadores lanzados desde la dirección. “La idea es que crezcan esos personajes que están apareciendo”, comenta Bárbara, que se animó al taller luego de ceder ante las insistencias de su amiga Yesica y agrega: “mi personaje, en realidad, creo que el personaje de todos tiene que ver con uno”. Lautaro interrumpe para acotar que: “la idea de los personajes tiene que ver con lo que uno, íntimamente, tiene oculto. Hay una parte privada, y a mi me interesa darle luz, de una forma no infantil, sino que esperanzadora de transformación”.

 

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El reciclaje es el alma de la compañía, el eje que los amontona y los une en escena como intérpretes y personajes. “Hay un punto, desde el que partimos y es que la basura puede reutilizarse y que las cosas que uno cree que están en el olvido todavía tienen un sentido sí se las transforma”, explica Lautaro y de fondo se escucha una playlist olvidada en otra habitación.  Los personajes se vinculan con los objetos desde ese lugar como: “una especie de vuelta en valor. El personaje empieza a desarrollar una sensibilidad hacia lo que está tratando de revivir de alguna manera”, explica Alex que cerró su local para meterle fichas a la compañía.

La construcción de los personajes es un proceso inacabado e inacabable, que se encuentra sostenido y cohesionando por la música: “es complejo porque vos tenes que armar la música de la sensación de cada personaje. Ellos tienen que encontrar su musicalidad y su manera de tocar”, dice Lautaro. Entre las cuatro paredes de la cocina, el diálogo se torna veloz y el ida y vuelta se acelera. “Y eso pasa cuando la música es una sensación y no solo un tema.  Es preguntarse: si estas enfurecido, ¿cómo suena eso?”, agrega Luciana, la única de la compañía que no vive en el partido de General San Martín. Para Alex se trata de “poder expresarse musicalmente y poder llevar eso en carne a ritmo. La música hace que nuestros círculos giren a un mismo tiempo, o al menos a un tiempo, digamos, matemáticamente coordinado”, agrega.

 

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De los juegos, surgió una idea que supieron aprovechar: la invención de un idioma propio. “Se trata de experimentar rítmicamente con la voz e inventar palabras, cruzando las letras. Cada uno fue encontrando su propia línea, donde se siente cómodo, encuentra matices, puede gritar y cantar. Y así nos vamos relacionando. El desafío está en no pasarse de privados”. Alex fue uno de los creadores de esta herramienta y cree que “la palabra es como el caño de escape de un motor”, escupiendo el humo, desechando lo inaguantable.

El 10 de junio realizaron la segunda fiesta en Casa Felina. Todavía quedan vestigios de la decoración, armada con materiales encontrados en la calle, colgados en las paredes de madera de la cocina. Esa metodología usan para la puesta de escena y la creación de los vestuarios. “Pasamos un día entero probando cosas, cosiendo, desarmando y todo para decir: -bueno, podemos salir a laburar con esto, con este vestuario que nos gusta-. Y de ahí en más, remodelarlo hasta el fin”, comenta y no es difícil imaginarla con la misma energía luego de todo un día de pruebas. Es imparable. Y el resultado no es menor: “Lo bueno de eso es que te identifica al final, porque lo hiciste vos, es lo que venis buscando y probando”, agrega Luciana.

 

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El grupo superó una crisis cuando uno de los directores abandonó la compañía. Para Cintia se trató de “una ruptura del proyecto en sí. Fue bastante movilizante”. Ella empezó a tomar cursos de canto gracias a Boom Chapadama y, así se convirtió en la cantante. Desde su punto de vista, en ese instante se inició un momento de reubicación y “de muchas discusiones. Había que consensuar muchas cosas que, antes lauti las veía con el otro director y luego las comunicaba al equipo. Fue repartirnos entre nosotros y tomar responsabilidades”, aclara. Para este nuevo proyecto, “en lo visual está trabajando lauti. Todos aportamos pero, como búsqueda del mundo de la imagen él nos cuenta que ve y nosotros en la parte estética lo vamos decodificando”. Luego, mira a Lautaro y esté continua: “Tengo cierto interés por el acumulamiento, por materiales que parecen que están superpuestos por casualidad pero los personajes les encuentran sentido y los transforman. El objeto no sólo se reutiliza musicalmente, sino que también escenográficamente”

 

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Durante la última semana de julio se estuvieron presentando en distintas plazas de San Martín. No le escapan al contacto con el público, en realidad lo persiguen. Le tomaron el gusto en una gira que hicieron en Mar del Plata en el duna de Natalia que los terminó abandonando a mitad de camino. “El viaje nos puso en una disciplina que no estábamos teniendo. Mejoramos algunos toques que fueron más flojos desde acá y crecimos mucho en relación con el público. Esa actitud creo que también nos vino bien. Tenemos ese rock necesario”, agrega Lauti. “Ese rock de meternos entre la gente y de querer molestar con todo”, acota Yesi.  Por último Alex agrega: “Creo que estamos desarrollando nuestra impunidad” y la mesa estalla en risas.

 

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Son una compañía que, la mayoría de las veces, la juegan de local. “Nuestro camino es mucho más regional. Tenemos un barrio maravilloso con artistas muy buenos. Y, por suerte, llegamos en un momento en el que el arte barrial estaba emergiendo con las bibliotecas populares y espacios que fomentaban las movidas populares y albergaban a los músicos”, explica Lautaro. Diego, sentado a mayor altura que los demás y apoyado contra la pared comenta: “también desde la estética San Martín nos alimenta. Es la capital de la industria y, hoy en día y desde hace varios años, la industria está frenada y hay muchas fábricas abandonadas con maquinaria, chapas, basura y gente adentro”. “Tampoco hay que olvidar que tenemos un basurero enorme en José León Suárez y eso también sirve de influencia”, agrega el director.

Los mates ya se terminaron, la música sigue sonando pero es imperceptible, algunos ya van amagando retirarse. De la conversación sobre la estética surgen nuevas ideas. Vuelve a reiniciarse el debate y esa dinámica de compartir se respira. “Se comparte tanto lo bueno que cuando viene lo malo lo transitamos desde un lugar super copado. No le damos tanto tiempo”, añade Cintia que asegura que desde que ingresó a Boom Chapadama su forma de pintar también se vio afectada por el aprendizaje de nuevas disciplinas, algo que, también, puede resultar frustrante. “Nos contagiamos del sí y de eso que nos despierta. El otro no te lo hace ver como una frustración, sino como trabajo”, agrega con su voz grave.

 

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De un taller municipal a un proyecto juntos. De un sótano a una gira por la costa. De un grupo de percusión a conformar una familia y compartir sueños, como el de la infancia de Natalia de recorrer el mundo en un Motorhome. Y así, siguen sumando metas: “Hay una búsqueda de una obra nueva, de ir a tocar más allá de los barrios. Hay mucho trabajo para hacer”, apuntala Diego. “La intención es avanzar cada vez más en puestas en escena más provocativas, más visuales e ir sorprendiendo en cada propuesta que montamos como una producción independiente. También soñamos con un galpón grande, donde podamos trabajar y que queden nuestras obras fijas, con una puesta de luces establecida”, apunta Lautaro.

En Mar del Plata, los espectadores les preguntaban: “¿Qué es lo que hacen?, ¿Qué son?. “Lo que vos quieras”, les respondía Yesica graciosa. “Somos espejo de todo lo que te guardaste”, recuerda Diego de un texto que escribió Lautaro y que Natalia tiene anotado en su cuaderno. “Somos libertad para transformar”, fórmula ahora Cintia. Todos asienten y Natalia saca su cuaderno y su lápiz, lista para anotar.

 

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