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CRÓNICAS SOBRE LA MASACRE DE LA CARCOVA

El periodista Matías Ortega presentó en la UNSAM, su libro sobre los sucesos de febrero del 2011. En la mesa debate se encontraba Joaquín Romero, sobreviviente de la represión policial. 

Texto: Guillermo Poysegu Peier / Fotografía: María Eugenia Olazabal


Pasadas las 19:30 horas del jueves 11 de mayo se dio inicio en la Universidad de San Martín a la presentación de CARCOVA, Historias marcadas por la violencia Institucional, el primer libro de crónicas periodísticas de Matías Ortega. Bajo este título se encuentran relatados los sucesos alrededor de la Masacre de Carcova del 3 de febrero de 2011. Junto al periodista se encontraban Leonardo Grosso, diputado nacional por Buenos Aires, Federico Efrón, abogado del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), y Joaquín Romero, sobreviviente de la represión. Su historia, junto con las de Franco Almirón y Mauricio Ramos, ambos asesinados por las fuerzas de seguridad, son el eje de este libro.
El autor, que pivoteo como moderador en el evento, llevó a cabo la investigación y producción del libro guiado por una inquietud: acercarse al barrio y a una historia que los medios tradicionales habían pasado por arriba o relatado de forma inadecuada, siguiendo la versión oficial de la policía. “Tuve la suerte de cruzarme con gente como Joaco y familiares de los pibes que me abrieron generosamente las puertas de su casa y me contaron esta historia que, de alguna forma, es un espejo de otras tantas historias de familias atravesadas por la violencia institucional”, comentó.

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El 3 de febrero del 2011, un tren de carga descarriló luego de pasar el puente que atraviesa el río reconquista. Algunos habitantes de la villa se acercaron a los vagones e intentaron abrirlos. En ese instante, llegaron efectivos de la policía bonaerense y reprimieron. Como resultado murieron Franco Almirón, al instante, y Mauricio Ramos en el hospital Belgrano. Joaquín Romero estuvo internado dos semanas en el hospital Thompson con heridas graves en el abdomen. La versión emitida por la policía acusa a una banda de narcotraficantes de haber colocado troncos en las vías con la finalidad de descarrilar el tren y, así, robar su interior. Desde un principio, los familiares y las organizaciones sociales denunciaron dicha versión, explicando el descarrilamiento por el mal estado de las vías. Finalmente la justicia falló a su favor.

Federico Efrón, que forma parte del CELS, intervino a favor de las familias en el juicio.  Su explicación del desarrollo del caso en la justicia es precisa. Por la tentativa de homicidio de Joaquín, el oficial subteniente de la Comisaría 2° de Villa Ballester, Gustavo Ezequiel Vega, fue declarado culpable y se encuentra cumpliendo una condena de 7 años. Inclusive, la cámara de casación corroboró su culpabilidad y dictaminó que la condena era baja por tratarse de un oficial en función. Por ese motivo, se realizará una audiencia para dictaminar la nueva condena que puede pasar a un mínimo de 12 años de prisión como a un máximo de 19. Por el otro lado, en el caso de Franco y Mauricio, el tribunal absolvió por duda a Gustavo Sebastián Rey, acusado por el asesinato de ambos jóvenes. A su vez, la cámara de casación revisó el caso y falló a favor de los familiares, anulando la absolución del sospechoso para realizar un nuevo juicio. En una segunda instancia, desde el CELS conjuntamente con los familiares, se está insistiendo en la culpabilidad de los tres jefes policiales presentes en el hecho. El más comprometido sería el comisario Víctor Uhalde. Pero en este caso, la justicia se encuentra reticente a avanzar contra estas esferas. “Lo que descalificó la versión policial fue la organización del barrio, de las familias, de las organizaciones y los chicos que declararon como testigos”, finaliza Federico y acota: “La justicia se ve obligada a descartar esa versión. Desde un principio, estaba lista para archivar la causa.”

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“Mi disparador lo tengo sentado al lado mío”, responde Matías mirando a Joaquín y continua: “el me contó su historia con máxima sinceridad. Yo soy periodista y quería contar la historia de la manera más fiel posible y con honestidad. Estamos hablando de un pibe de 19 años que sobrevivió una represión feroz y no había ni una entrevista. Eso me autorizó”.
Ya pasaron más de 6 años de la masacre. Ese día parecía uno más para Joaquín que iba a ir a la quema al CEAMSE a cirujear. Hoy, tiene 2 hijos y ya no es más ese pibe de 19 años. Declaró frente a la justicia en reiteradas oportunidades y asegura que lo volvería a hacer. Cuando se entera de otro caso de violencia institucional siente, lisa y llanamente, bronca. “Te da bronca porque siempre es lo mismo”, comenta tímido, casi incómodo con sus pies cruzados bajo el escritorio, y finaliza: “Siempre somos nosotros ´los malos´. Y hay pibes buenos. No somos todos iguales”.

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