IMG_3686

ARACELI: EL BARRIO SABÍA

Texto: Facundo Nívolo y Guillermo Poysegu Peier / Fotografías: Facundo Nívolo /

La pantalla brilla mientras las imágenes se mueven viscosas, en silencio. El mismo titular se repite y se esparce por las redes. La voz de una compañera me llega a través de celular y dice que no la entiendo. Que yo no sé “lo que nos pasa a las mujeres”. Llora y agrega: “mañana hay que levantarse, ir a laburar y seguir como si nada”.

Luego  de dejar el celular sobre la mesa, me quedo pensando y mientras estoy cosiendo un pantalón roto sigo mirando de reojo la tele. Me pinché 3 veces y desde el primer impacto de aguja, ya había notado que me salía sangre.

 

LA MAÑANA

La lluvia era fina, casi un vapor de gris. Por momentos la intensidad dificultó pegar los carteles. La cinta de embalar reemplazó rápidamente la idea de usar el engrudo.

El 7 de abril, 30 personas se reunieron en la estación de José León Suárez. Algunas ex compañeras del colegio, otras militantes de movimientos sociales y otras se sumaron porque vieron la convocatoria por redes. Mayoría mujeres.

A las 10 de las mañana del domingo, uno de esos en que las frazadas son pesadas, se dividieron en 4 grupos: dos encararon hacia el este de la estación de Suárez y los otros dos hacia el oeste, repartiéndose a ambas manos de la avenida. Los postes, las persianas de los comercios cerrados y las vidrieras de comercios abiertos se recubrieron de afiches. A una semana de la desaparición, no se había presentado ningún funcionario del gobierno provincial ni nacional. Ni Cristian Ritondo, el ministro de seguridad responsable de la policía bonaerense, tampoco la fiscal encargada de la investigación, Graciela López Pereyra.

La jornada de volanteada culminó en la puerta de la casa de la familia Fulles, donde estaban Marcelo –el hermano-, Ricardo –el padre- y Mónica Ferreyra –la madre-, que apenas podía sostenerse de pie. La rodeaban los vecinos y vecinas. Mientras esperaban a las cámaras de televisión para difundir el caso, se compartieron mates dulces con la temperatura justa para despabilar el ánimo.

 

En la segunda entrevista un vecino frenó al entrevistador.

-Suficiente

-No puedo cortarla – respondió el reportero.

-Vos sabes lo que te estoy diciendo – cortó, secamente, la discusión.

 

Mónica había declarado a las cámaras todo lo que sabía. Al finalizar el relato, lloró los siguientes 40 segundos ininterrumpidamente. Con las manos en la cara repetía cíclicamente: “Lo único que quiero es que vuelva mi negrita”. Cuarenta segundos, según el vecino que intercedió, ya eran suficiente material para rellenar una nota sobre una madre quebrada.

 

“La negra tiene un humor… una forma de ser. Yo siempre le digo ´vos con esa manera de reírte podés despertar hasta a los muertos”, contó una vecina que, con una mano rodeaba un termo de plástico azul, y con la otra repartía un mate blanco tipo jarrito de metal enlosado.

El cielo era anaranjado. Las baldosas marrón claro de las veredas, brillaban. Aunque era mediodía, las luces de neón estaban encendidas entre la garúa.

La intersección de las calles Pueyrredón y Pueyrredón es silenciosa y de casas bajas. El barrio Sarmiento para el lado de la Av. Eva Perón deja ver asfalto reciente, más adentro,  calles de tierra y vecinos que saben donde viven sus otros vecinos. Desde la puerta de cualquier kiosco ventana, se llega fácil a la casa de los Fulles.

 

-Negra donde estás má?

-Ya estoy yendo mami preparate el mate que ya voy

-Bueno voy a comprar unas facturitas

-Dale viejita te amo

 

IMG_3578v

 

LA VECINA DE VILLA LIBERTAD

El sábado, mientras enroscaba con cinta una de las fotocopias al poste de la esquina, se acercó Marta, una señora que tiene dos hijas adolescentes y un hijo más grande. Solo me viene a tocar el timbre cuando su gato se queda atrapado en el árbol de mi jardín.

 

-¿Sabes que le pasó a esta chica? – me preguntó

-Parece que cayó en una red de trata y los vecinos dicen que la policía está metida.

-Bueno, yo puedo pegar afiches por las paradas de colectivo de la Tres de Febrero. Vamos con mis hijas.

 

Creo que es la única vez que conversamos más de 4 minutos seguidos.

 

 

EL FEMICIDIO DE MICAELA

El municipio cubrió de afiches todas las dependencias del Estado y convocó a los empleados a pegar y difundir.

El 8 de abril encontraron muerta a Micaela García en Entre Ríos. Ambas fueron desaparecidas el mismo día, el  domingo 2 de abril.

El 12 de abril diversos movimientos sociales se reunieron y, empujados por la conmoción, se sumaron masivamente a la difusión del caso de Araceli Fulles. Participaron una veintena de organizaciones que se distribuyeron los barrios, las plazas y los horarios.

El 15 de abril la estación de José León Suárez recibió a 300 militantes que decidieron realizar un homenaje contribuyendo a la búsqueda local. “El homenaje a Micaela es encontrar a Araceli”, se remarcó.

El 16 de abril el puente de Suárez amaneció con un mural de 9 metros de ancho que entre colores recuerda a Micela. En todo San Martín, la imagen de la joven de barrio Sarmiento cubre miles de paredes.

Mientras tanto, los llamados con informaciones falsas se multiplicaban. Anónimamente, se difundieron indicaciones que figuraban a Araceli en la villa La Rana, camino al litoral, en el barrio 9 de Julio, en Carapachay, en la Carcova, pidiendo fuego. Cada día aparecía una novedad que al pasar las horas, resultaba falsa.

 

LOS PERROS Y LOS MATES

 En el límite de los barrios Lanzone y 9 de Julio las construcciones son más altas. Por el tema de las inundaciones, están a un metro, metro y medio por encima del cordón de la vereda. La bajada pronunciada directo por Av. 9 de Julio lleva a la llamada “plaza vertical” de reciente refacción: Luces de led, juegos y asfalto nuevo. Ahí se juntan los pibes. Ahí fue la última vez que la vieron a Araceli. Los vecinos comentan que desde su desaparición los perros no dejan de ladrar. Noche tras noche llenan los sueños de aullidos. Manzanas a la redonda dan vueltas en la cama, duermen pocas horas. Otros vuelven a misa.

 

“Entre mate y mate acá te enteras de todo”, sobrevuela el rumor.

 

La última pista la aportó el vecino de al lado de la madre de Darío Badaracco. En la casa de la calle Alfonsina Storni y 182, se sentía un olor muy fuerte.

El principal sospechoso había sido llamado a declarar tres veces en 12 días. La última vez reconoció haber mantenido relaciones sexuales con la joven. Nunca hubo una orden de detención. Tenía antecedentes: Una denuncia por abuso sexual agravado contra su hijastra de tres años y lesiones a su hijastro de cinco.

Cuatro días antes del hallazgo, Darío, que vivía en el mismo terreno que su madre, se estaba mudando con el camión del corralón de materiales Cassalz. Al cuerpo lo encontraron cubierto de cal y bajo una montaña de escombros.

Horas antes de que empiece a circular la noticia del fatal desenace, una última movilización se realizaba en la intersección entre 9 de julio y Av. Marquez, a solo 8 cuadras. “En el barrio no se escapa nada”, comentaban las vecinas antes de salir a la manifestación. El golpe del chorro de agua caliente sobre la yerba suena hueco.

Además de Darío hay otros 7 detenidos: Carlos Damián Cassalz, el dueño del corralón, Jonathan Rubén Ávalos, Emanuel Ávalos, Marcos Antonio Ibarra, Marcelo Ezequiel Escobedo, Hugo Martín Cabañas  y Hernán Alberto Badaracco. Todos varones.

 

EL VELORIO

Sobre la calle Almeyra al 3441 no corría viento la noche del 28 de abril. Las vallas impedían el exceso de gente. Solo entraron algunos a la casa funeraria. Marcelo, el hermano mayor de Araceli se cruzó con Carolina Pedelacq, del Frente de Mujeres Evita.

“Gracias por estar desde el principio”, interrumpió y al ver a un joven vecino de Lanzone, lo saludo asintiendo con la cabeza: “Los pibes tuvieron razón todo el tiempo”.

A su vez,  un trabajador de la Cooperativa de Reciclaje Bellaflor repetía mirando hacia abajo: “No lo puedo creer, si nosotros pasamos y afichamos en la cuadra esa, pasamos por la puerta”.

 

IMG_3853

 

LAS VELAS

La avenida 9 de Julio nace de la ruta 8 a la altura del Liceo Militar, entre Ballester y Billinghurst. Desde allí, es una pendiente en ascenso que tiene como horizonte la avenida Marquez. Subiéndola, ya se veía la columna de humo negro en el horizonte en la tarde del 1 de Mayo. Podía ser el corte de ruta por el pedido de justicia, o podía venir de más lejos: algunos pibes quemando un gran rollo de cable para luego vender el cobre.

En el monumento a los fusilados de Suaréz se congregaron vecinos y vecinas, vestidas de negro. Portaban carteles de cartón sostenidos por maderas de cajón de manzana, pegados con cinta de embalar. Una gran pancarta que pedía justicia, bajaba y se levantaba intermitentemente entre la multitud. Frágil y al frente, iba Mónica, contenida a un lado por Damián, el más chico de sus hijos, y empujada por miles de personas que caminaban lento.

 

-¡Pena de muerte!

-¡Basta de corrupción!

-¡Ritondo hijo de puta!

 

Las cientos de velas de la caravana culminaron en la plaza de Lanzone. Un asiento largo se llenó de copias de la foto. Mientras tanto, un grupo se dispuso frente a la casa donde encontraron el cadáver. No hubo agresiones ni se incendió la casa. Solamente se completó la actividad con un semicírculo de velas y nuevamente, una pintada en aerosol repetía “Justicia”.

 

IMG_3885

 

LAS FLORES

El último sábado de abril, la temperatura ronda los 20 grados. Los mosquitos hierven. Son un infinito conjunto de pequeñas sombras arremolinandose entre la luz que se filtra por los árboles. “Es extraño que en esta época haya tantos. Lo que pasa es que hace calor”, agrega el cuidador.

Los cementerios se parecen a sus barrios. El de la calle Coronel Mom al 2400, tiene paredes amplias de colores grises y verde musgo. Sin embargo, las lápidas cuentan con decoraciones coloridas, fotos recientes, juguetes y escudos de Chacarita. Durante la mañana de ese mismo día, los pasillos del cementerio de San Martín recibieron la caravana de más de 200 personas que despidieron a “la negra”.

A la altura de la cintura, como cada otoño, se muere la tarde proyectando una luz filosa y horizontal sobre los bronces. Sin adornos, ni placa, ni nombre, los agujeros del mármol no alcanzaron para sostener las ofrendas.  Familiares y vecinos dejaron una montaña de flores en el suelo.

Volviendo ya de noche a Villa Libertad por la famosa avenida Tres de Febrero, y tal como Marta prometió, todos los postes de las paradas del 328 de una mano y de la otra, tienen la cara de Araceli.

 

IMG_3013

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *