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La osada tarea de avivar gilas

Presentándose en distintos lugares del municipio de San Martín, el colectivo de mujeres del teatro del oprimido, Osadía interpreta y debate con el público escenas de violencia y opresión. Una meta las aúna en la labor: debatir junto al público y pensar una solución.

Texto: Guillermo Poysegu Peier / Fotografía: Laura Sofia Muiños

 

A Karen la vino a buscar una vieja amiga para ofrecerle un trabajo en su peluquería. Ella quiere pero vacila:“¿qué va a decir Roberto?”, se pregunta reiteradas veces. Las dudas se extinguen rápidamente cuando él entra a escena. Todos los ojos se posan en él, sobre su presencia apabullante, y, cuando, violentamente, golpea la mesa, algunos espectadores saltan de sus sillas. Así finaliza Una situación común: triunfante Roberto se va, Karen se queda sola, aplastada. En ese instante, ingresa Nancy. “¿Que acabamos de ver?”, invita a la discusión. Hace ya 9 años que el colectivo de teatro del oprimido, Osadía, muestra estas escenas, con una postura firme: “Seguimos convencidas de que la salida es colectiva y mantenemos la esperanza de que alguna se quede con la semillita, debatiendo. Lo que nosotras hacemos es largar semillas que germinen”, explica Nancy.

 

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Arriba de una cancha de fútbol, en una acalorada sala de paredes rojas ensayan las siete integrantes actuales del colectivo. Algunas están desde sus inicios, como es el caso de Andrea, Verónica y Nancy, y otras vivenciaron el fenómeno de Osadía como espectadoras y, luego, se animaron a participar. Entre los retumbantes pelotazos y los gritos eufóricos festejando goles, ellas comienzan el ensayo dando inicio al ritual de la piedra. Sentadas en una ronda, tomando mate con té rojo, se van pasando el objeto siempre a la izquierda, “por razones obvias, no nos gusta la derecha”, bromean. El objeto pasa de mano en mano, y la poseedora momentánea de la piedra es libre de expresar su estado de ánimo y hablar sobre lo que ella desee. El ritual busca conectar a las integrantes con el momento, sus sensaciones y energías. Es sumamente catártico. Dueña de una cabellera colorada e histriónica, Nancy explica: “En teatro del oprimido todo problema y toda crisis tiene oportunidad de transformación. Así que celebramos las crisis.”

 

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El esquema de la escena es básico: “Hay una contra-preparación, una crisis y un desenlace. Siempre tenemos que mostrar a una oprimida con deseos de lucha, la crisis, la lucha y el fracaso. Basándonos en eso vemos cual es el conflicto”, explica Nancy, que dirige al grupo y es la facilitadora. Su rol es mediar entre las actrices y el público. “Lo genuino de este tipo de teatro es ir a buscar la opresión en ese grupo”, explica. La metodología del teatro foro les permite alcanzar este objetivo. Al final de cada muestra, se desata el debate cuando el público responde y se anima a formular propuestas. “La discusión está basada llanamente en que todos sabemos lo que tiene que hacer el otro. Por eso, yo digo: ahhh mira, bueno vení y subí ahí arriba”, dice Nancy y en sus ojos aparece una picardía desafiante.

A partir de la alternativa de uno de los espectadores, es que se desenvuelve el dispositivo. Una de las actrices le otorga su lugar y una de las prendas al espectador para que forme parte de la escena. “Te pregunto si la queres probar, porque nadie la va a contar como vos queres. Es muy distinto ponerle el cuerpo. Cuando cruzas, por mas que tengas accesorios, sos vos el que está hablando y lo está transitando”, aclara Nancy y finaliza: “es muy duro estar ahí, mucha gente sale llorando. Si es tan fuerte para el que pasa, ¿qué tan fuerte está la persona que lo está transitando?”.

 

Todas están vestidas, en su mayoría, de negro, vestimenta característica de las actrices. La observan a Nancy y parece que todas concuerdan con lo que dice. Por un lado, la teoría la tienen clara y por el otro, ya transitaron aquello que ella describe. “Le estamos poniendo el cuerpo a una situación que la queremos resolver con el otro. No importa quien es el otro o que viene a decir”, aclara Nancy y ellas, otra vez, asienten. “Pero bueno, hablen ustedes también porque estoy hablando sola”, se ríe.

“Queremos contar lo que nadie dice pero todos vemos. No somos más nosotras. Lo que importa es el mensaje”, comenta Alejandra. Ella tiene un modo de hablar pausado, parsimonioso. Denuncia jocosamente que ingresó engañada a Osadía bajo la propuesta de ayudar con la estética, pero terminó arriba del escenario con sus compañeras. Conoció al colectivo como espectadora y discutía fuertemente con el grupo y su objetivo. “Están avivando giles, les decía. ¿por qué no los ayudan de verdad?”, recuerda. “Entonces, te preguntarás: ¿para qué carajo hacen todo esto?”, dice Nancy, y sus mirada atraviesa la mesa, “bueno, la idea es dejarte con un montón de frentes abiertos. Nosotras no somos sanadoras, no somos terapeutas. No damos asesoría. Nosotras solo hacemos teatro del oprimido”, aclara sin anestesia.

 

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“Básicamente se trata de eso, tratamos de avivar gilas”, retoma Susana. Ella asegura que algo se despierta en un sector del público cuando Roberto, un personaje icónico en el grupo, en una de las escenas golpea la mesa. “Es algo que hace evidente a las que pasamos por violencia de género. Es esta cosa del salto interno que no lo podes fingir ahí quietita porque tu cuerpo lo expresa”, explica.

También forma parte del colectivo Cristina. Ella asegura que “cuando estás frente al público te das cuenta de las caras del público. Algunos lo toma como una obra y listo, pero otros se sienten identificados y sufren, porque, seguramente, en algún momento de su vida lo habrán pasado”. Ella entró a Osadía por medio de su extrovertida cuñada, Andrea. A ella, la exposición no le pesa, inclusive su incursión en el teatro parece natural. En cambio, Cristina adjetiva como una locura sus principios. Con solo un mes de ensayo interpretó su primer personaje y, orgullosa, remarca el elogio de Nancy: “vos naciste para esto”.

Ninguna estudió actuación, solamente se entregan, intuitivamente y con sabiduría, de lleno a jugar desde el personaje. Es el caso de Verónica que pasó a interpretar a Roberto, luego de que una de las facilitadoras y actrices, apodada Peque, falleciera de un cáncer fulminante. Al momento de la función se aparta de todo el grupo y se queda sola: está llamando a su personaje opresor. “Y muchas veces me cuesta encontrarlo porque es algo que yo repudio. Tengo que luchar contra mi misma”. Además, para poder interpretar el difícil papel, Veronica necesita de mucho control. Cada muestra “me deja muy agotada. Nosotras somos amigas, compartimos muchas cosas y las tengo que maltratar”, aclara. Necesita abstraerse y transformarse en Roberto. Ser un opresor, y sus compañeras aliadas u oprimidas. “No la tengo que ver a Andrea. Ya no es Andrea, es Karen. Es re loca la situación, muy fuerte”, comenta seria.

 

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Comparten un camino: Empezaron ensayando en un Centro de Mujeres del barrio, luego en la parroquia de José León Suárez para terminar arriba de una cancha de fútbol. De dicho trayecto resultan varias obras. Desde Una situación común, pieza en la que el tema central es la violencia de género, hasta su proyecto actual que definen como “un embrión de aborto”, que quieren interpretar en el cuarto foro de teatro del oprimido el próximo año en Uruguay. Los temas salen a partir de una serie de ejercicios y juegos como en Yo soy así y Sin repetir y sin contar, la historia de una chica abusada y su madre que intenta tapar lo sucedido. Para Nancy: “El problema de abuso sexual es que todas las que lo atraviesan son víctimas y nosotras no hablamos de víctimas, si no que de oprimidas. ¿Por qué? Porque la oprimida tiene alternativa de salvación o de lucha y la víctima no”.

Atrapasueños es para Cristina una obra de prevención. “Se trata que el público vea de cerca como es el tema de atrapar a una chica”, acota. Alejandra recuerda que en esa obra uno de los personajes es tanto oprimida, ya que se encuentra cautiva en la red, y opresora de otra de las secuestradas. Con ese desdoblamiento se sienten identificadas. “En la vida real soy re opresora y estoy re oprimida. Me parece que a todos nos pasa lo mismo, a veces, sin querer”, explica Andrea. “A eso, de alguna forma, te lleva la vida a los golpes, no queriendo tomar partido pero tenes que tomarlo. Decidir hacerse cargo de poner los límites para que nadie te oprima”, aclara Alejandra y agrega: “Yo deseaba muchas cosas pero no sabía que las podía pedir, que tenía esos derechos”. Al rayo de la luz del atardecer otoñal se refleja un hilo fino casi traslúcido: la diferencia entre ser oprimida y ser opresora en defensa de sus derechos. Y allí se confunden los tantos: ¿Que es oprimir?

“Para mi el opresor es el que no me deja ser. El que veta mis deseos, derechos y sueños. No solo te pega, te corta la libertad”, explica Nancy. La imagen es desesperanzadora: el opresor lo aplasta todo y después de su paso nada sobrevive. Por eso, “una decide ser una herramienta para ayudar a los otros”, acota Norma, corta y precisa. Al ver una de las funciones, ella dice que captó ese mensaje y fue en busca de él. “Estoy acá en la lucha, viniendo todos los días y modificando mi ser”, agrega.

De algo está convencida Nancy, y es del propósito de Osadía: “Darle voz a las que no la tienen, avivar gilas, tirar un salvavidas, es un poco de todo”. Se parte de “entender que no hay un cuento de princesas, que no son de nuestro agrado, si no que las heroínas, las valientes que luchan y se animan a rearmarse de vuelta y mostrarle a otras que pudieron. Mostrar que nos pasó, cómo estamos y que la salida es siempre colectiva”, termina Nancy como al final de toda exposición. “La salida es siempre colectiva”, reverbera esa última frase en la pequeña sala ya oscurecida. Unidas, como en la lucha, se cierran en un círculo y entrelazan el dedo meñique con el pulgar de su compañera de la derecha. Así se despiden en otro ritual, lleno de alegría y de amor. Y esas palabras siguen retumbando: “La salida es siempre colectiva”.  

 

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3 thoughts on “La osada tarea de avivar gilas

  1. me encanto ,gracias por hacer oir nuestras palabraas ,las q sobrevivimos a las torturas y abusos,darnos fuerzaas para seguir luchando por una vida mejor q nos arrevataron,exitos!!

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