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Del otro lado del túnel de Ballester: la crisis de los comerciantes

Más de cincuenta locales ubicados sobre San Martín, José Hernández y Pueyrredón serán damnificados por las obras. Apuntan a Katopodis por desoír los reclamos. Hasta el momento, el Municipio desestimó relocalizar el paso bajo nivel.

Texto: Emmanuel Lorenzo; Fotografía: Sol Lorenzo.

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Cuando Gabriel Katopodis desempolvó hace ya casi un año un proyecto que databa de 2014 para la construcción de un túnel en el centro de Villa Ballester, nunca se imaginó que encontraría tanta resistencia en los vecinos y comerciantes. La pequeña utopía que se presentó en sociedad como “la obra más importante de los últimos 35 años”, podría traducirse en un imperecedero conflicto de bloqueos y hasta cautelares judiciales.

Luego de una serie de encuentros del grupo “Comercios Unidos”, que nuclea a 92 locales y 50 familias de vecinos, se procedió a la colocación de cartelera con las consignas: “Puente=Muerte de comercios” o “Puente sí, no acá”. Anticipaban así que decenas de comerciantes serían gravemente perjudicados por el paso bajo nivel que reemplazaría a la actual barrera de Pueyrredón, no sólo porque reduciría la calzada de peatones, sino porque mantendría virtualmente clausuradas las calles hasta que se concluyeran las obras.

Aun si se hiciera efectivo el plazo estipulado de dieciocho meses de obra –lo que resulta, al menos, improbable-, se trataría de un año y medio de escombros y precintos rozando las puertas de tiendas de calzado, garajes, bicicleterías, marroquinerías, librerías, peluquerías, gimnasios, verdulerías y hasta escuelas.

Ariel Panozzo, propietario de cocheras sobre la calle José Hernández, aclara que no están enfilados detrás de “ningún padrino político” y adelanta que, si no se relocaliza el túnel, “se organizarán nuevas medidas de fuerza –como cortes y cacerolazos- y se impondrán cautelares en la Justicia”. “También nos estamos asesorando con ambientalistas por la deforestación que producirán”, amplía. Se refiere al retiro –y trasplante parcial- de 30 árboles de 11 especies como consecuencia de los trabajos, aunque desde la Municipalidad ya anunciaron que se asentarán 165 ejemplares nuevos.

La entrevista tiene lugar en la confitería Rin, en el epicentro del área de conflicto. Una de las encargadas del lugar confunde a este cronista con un funcionario del Municipio y me pide que intervenga ante el Intendente: “Por favor, explicale que no estamos en contra del túnel, pero acá no se puede. Nos haría cerrar”. Al aclararle el error, se disculpa decepcionada y repite: “Nos van a obligar a cerrar”.

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La obra prevé dos pasos subterráneos con forma de L en ambos sentidos de circulación: uno de sur a este, a través de José Hernández y Dr. Aleu, y otro de norte a oeste, por Pueyrredón y San Martín. De acuerdo al expediente, el túnel contemplará un carril por dirección, 157 metros de extensión hacia un sentido y 168 hacia el otro, una velocidad máxima de 40 km/h, 2 pasos peatonales, 2 ascensores y, al menos, 4 calles de convivencia.

Panozzo enfatiza en que los comerciantes y vecinos están a favor de la construcción de nuevos pasos, pero siempre que se encuentren alejados de las zonas del circuito de ventas. “Podrían correrlos hacia las calles La Paz y O’Donnell o, incluso, hacia la estación de Chilavert y conservar esta barrera de 127 años. Ganaríamos dos túneles y mantendríamos este cruce de vías, que no hay ninguna obligación de cerrarlo”, explica.

Los pasos en L se financiarían con un empréstito de 150 millones provisto por el Banco de la Provincia, a pagar en cinco años, aprobado por el oficialismo en el Concejo Deliberante con el respaldo a ciegas de los bloques opositores, curiosamente cuando aún no se habían revelado las condiciones de la obra ni su informe ambiental. A su turno, el vecino Sergio Rombaldo asegura que “a menor costo, se pueden hacer túneles más cortos –denominados sapitos- con igual o mayor beneficio en otro punto”.

“No tomaron en cuenta medidas de seguridad, como el acceso de autobombas, ni pensaron en los jubilados, que no pueden ni quieren descender a un túnel para cruzar la vía”, se queja Rombaldo, propietario de una vivienda frentista sobre Dr. Aleu. “Uno compra su primera casita y de pronto te echan para atrás. A vos y a los comerciantes”, lamenta.

En rigor, un nuevo cruce vial es indispensable para la descongestión del tránsito en una de las áreas más concurridas del distrito, con un creciente nivel demográfico y la concentración de decenas de colegios y edificios de departamentos en un rango de veinte cuadras. Además, aligeraría la cantidad de autos que, actualmente, eligen los puentes de Villa Ballester o el paso a nivel de la estación Chilavert para cruzar las vías del Ferrocarril Mitre. Sin embargo, la cruz compuesta por la barrera y las calles Pueyrredón y Dr. Aleu no parece el punto más conveniente. El argumento sobre cómo la obra revalorizaría el barrio, se desploma rápidamente si se tiene en cuenta que ya se trata, por ancho margen, de una de las zonas de mayor activación comercial e incremento inmobiliario del distrito.

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El Informe de Impacto Ambiental, elaborado por el técnico Diego Cuesta y el ingeniero Ricardo Santabaya –integrantes del Organismo para el Desarrollo Sostenible de la Provincia-, registra 168 páginas en que se detallan las repercusiones en contaminación sonora, visual y atmosférica –entre otras variables- que tendrá la obra, seguidas por sus respectivos atenuantes. De ese voluminoso vademécum, sólo se dedican dos párrafos al perjuicio ocasionado a los comerciantes, bajo el título “Sobre la Economía”. ¿La solución? Se propone, con igual concisión y vaguedad, la instalación de corredores de madera que permitan “en lo posible” el ingreso a los locales.

“El impacto moderado del que habla el informe es ridículo. Es imposible que los comercios sobrevivan a los obradores durante más de un año. Los negocios cerrarán, se retirarán y replegarán”, denuncia Panozzo.

A solas con el Intendente

En la cuenta de Youtube del intendente Gabriel Katopodis, el 18 de noviembre se subió un video (Proyecto del paso bajo nivel de Villa Ballester) en el que se especifica que 18 mil vehículos atraviesan el cruce junto a 6.371 peatones diariamente y que las demoras actuales motivan la perdida de hasta 18 minutos por hora. No obstante, no se hace mención a la situación de los comercios dispuestos sobre las parcelas afectadas, pese a que sólo dos días antes, el 16 de noviembre, se había organizado en el Club Social y Deportivo Las Heras una Audiencia Pública, donde decenas de vecinos manifestaron su malestar.

Cuatro semanas después, un grupo de comerciantes fue recibido por Katopodis en el Palacio Municipal. Le pidieron que revea su decisión sobre el lugar elegido para la obra y le garantizaron su apoyo en la relocalización.

“Le preguntamos cara a cara por qué había resuelto hacer esta obra en esta zona, pero no nos pudo contestar. Y cuando le planteamos por qué no podía trasladarlo a dos cuadras, se quedó pensando. No nos dio ninguna respuesta contundente”, cuestiona Panosso.

El secretario de Obras y Servicios Públicos y artífice del proyecto, Carlos Rodríguez, también sostuvo líneas de comunicación con los vecinos y dueños de locales. Reconoció la necesidad de revaluar las áreas de descarga y estacionamiento para comercios y colegios, pero desestimó que se estuviera sondeando la posibilidad de mudar la obra a otra ubicación.

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Detrás de las persianas y vidrieras, familias de vecinos

Para los miles de vehículos que circulan sobre las arterias principales del centro neurálgico de Ballester, apenas un segmento de comerciantes afectados puede no ser un lunar a tener en cuenta. Quizá sea necesario traducir las cifras, extrapolarlas y decodificar el impacto social del infranqueable descenso en los índices de venta que padecerá la zona. Los cincuenta locales que trabajan sobre las calles San Martín, José Hernández y Pueyrredón equivalen, como mínimo, a igual cantidad de familias, en su mayoría oriundas del partido. A ese balance, aún injusto, debe sumarse los empleados de los comercios: si cada uno contrata a tan solo dos personas, se trataría de cien trabajadores perjudicados más, con riesgo de perder su fuente de ingreso. La proyección contempla, entonces, que al menos ciento cincuenta familias verían retaceado su actual sostén económico en consecuencia de las repercusiones del paso bajo nivel. Y esa cifra no incluye a los vecinos frentistas que advierten que la obra reducirá las veredas e imposibilitará el estacionamiento de vehículos.

Alejandro Ferreiro imposta ante el grabador una voz apagada. Elige con cuidado las palabras y sentencia las ideas. Tiene 71 años y vive en Ballester desde niño. No es otro que el dueño de la bicicletería que hace esquina en la intersección de José Hernández y San Martín. “Mi negocio tiene treinta años. En 2000 casi me fundí, pero pude levantarme por la edad que tenía entonces. En este momento, no tendría tiempo para hacerlo de nuevo”, reconoce. Sólo pensar en empezar de nuevo le espeja una nota de dejadez en los ojos. Y sugiere con calma: “Tenemos que encontrar la solución para que los túneles avancen sin que nos corran del barrio.”

Al margen de la demanda por la relocalización del túnel, los comerciantes ni siquiera recibieron una propuesta alternativa formal. Medidas como la exención impositiva sumada a una moratoria sectorial de servicios o un programa de subvenciones podrían configurar una batería que atenúe las perdidas y palíe el alicaído cuadro de ventas, pero desde “Comercios Unidos” advierten que, si bien escucharían la propuesta, no permitirán que “distribuyan subsidios a dedo sólo para acallar voces”. “Estamos organizados, con varios frentes de denuncia y tenemos potencia. No nos van a poder fragmentar”, refuerzan.

A pesar de la resistencia enérgica, entre los comerciantes y vecinos se alcanza a percibir un principio de incertidumbre, un silencio de espera por el próximo paso del Municipio. Y un presagio oscuro delata el miedo a la desidia económica. ¿Cómo espantar los miasmas de la quiebra cuando a la recesión generalizada que se arrastra desde 2016 se le suman obstáculos equivalentes a toneladas de escombros?

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