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Ni una menos: La violencia machista desde ojos trans

Las muertes de Diana Sacayán y Lohana Berkins dieron impulso a la visibilización de la violencia hacia comunidad trans. Pero todavía hay un enorme trayecto por recorrer. ¿Qué pasa actualmente con los travesticidios y cuál es el lugar que ocupa en el entramado social la comunidad trans?

Txt: Eliana Esteves / Fotografìas: Pablo Caprarulo

 

“La sociedad sabe cuando se mata a una mujer nacida como tal. Pero cuando matan a una chica trans nadie se entera.” Con esta afirmación Anahí – de 31 años, y once de vivir plenamente su identidad de género- tiende un puente y a la vez establece una distancia abismal entre la mujer cis (nacida con sexo biológico femenino) y la mujer trans: en el marco de la consigna Ni Una Menos, ese puente es la lucha contra todas las formas de violencia machista.

A dos días de la marcha se encontró a una chica trans asesinada en Maipú, Mendoza. “La encontraron en la vereda, tirada, con la cabeza reventada. Como un perro en la calle cuando lo atropellan”, relata Anahí. “Yo me pregunto a la gente si sabe. Y no. Eso nos pasa siempre”, agrega con una mezcla de dolor asentado y orgullo, ese que viene del no resignarse.

 

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Natalia -de 25 años, trans desde su adolescencia temprana- señala que los casos en los que los medios de comunicación visibilizan a la comunidad trans son mayormente detenciones, con acusaciones implícitas o explícitas de delincuencia o uso de drogas: “Muchas prefieren drogarse porque así se olvidan de las cosas, de que tenés que estar con un tipo sucio, de tener que estar con un tipo que te golpee, y de la discriminación de la sociedad.”

La construcción de este tipo de noticias suele girar en torno a la nacionalidad de la persona, y la condición en la que se la detuvo, ya sea trabajando en la calle o bajo efectos de narcóticos. En este marco, Anahí señala otro punto clave en el trato que se le da a la comunidad trans: “Si detienen a una chica trans por tener un faso, eso sí es noticia. Y siempre es ‘el travesti’, no ‘la travesti’. En el campo del lenguaje las personas trans tienen una lucha que dar diariamente. La Ley de Identidad de Género, N° 26.743, establece en el artículo 12 el derecho al Trato digno. Toda persona debe ser respetada en su autopercepción de identidad de género: “Hemos sido visibilizadas, tratanos como lo que somos: mujeres. Respetanos.”, sentencia Natalia y sus ojos oscuros cobran una vivacidad incuestionable. “Para eso tengo una ley que me ampara: ‘La chica trans’. No ‘el’.”, agrega.

Con respecto a la reglamentación de la Ley de Identidad de Género, ambas coinciden en que se han logrado avances en materia de salud, educación y accesibilidad a la rectificación registral del sexo. Sin embargo existen artículos de la Ley que aún no se cumplen en su totalidad, como el número 11, sobre el Derecho al libre desarrollo personal. Anahí revela que muchas compañeras del colectivo no están recibiendo los tratamientos hormonales que, según establece este artículo, debe proveerles el sistema público de salud: “Estamos hablando de que la población trans tiene una expectativa de vida de entre 35 y 45 años. No es un detalle menor cuando una persona en Argentina vive el doble.”

 

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En cuanto al ámbito laboral, todavía existen grandes falencias. La Ley Provincial de Cupo Mínimo Laboral Trans, N° 14.783, –impulsada por la referente recientemente asesinada Diana Sacayán- establece que al menos el 1% de los puestos de trabajo en la administración pública de la Provincia de Buenos Aires deben ser asignados a personas trans. En la práctica, todavía se está lejos de cumplir ese objetivo. Al mismo tiempo, en el sector privado la situación es aún más complicada.

La mayor parte de las chicas trans no han podido completar sus estudios por verse obligadas a trabajar desde muy jóvenes para subsistir. En estas condiciones, la prostitución termina siendo la única opción, lo que termina de completar el círculo: sin estudios no acceden a trabajo calificado. Sin posibilidad de otro trabajo que la prostitución, no están en condiciones de retomar su educación.

A su vez, el debate sobre leyes y políticas públicas que las tienen como beneficiarias, muchas veces termina causándoles más problemas. Tal es el caso de las jubilaciones de privilegio de 8 mil pesos que recibirían las trans mayores de 40 años. Luego del anuncio oficial y su difusión mediática, se produjo una exacerbación de los episiodios de violencia. Desde publicaciones transfóbicas en las redes sociales hasta chicas que recibieron golpes y disparos mientras trabajaban en la calle. “A mí una vez me corrieron diez tipos para golpearme. Yo estaba yendo a bailar, me empezaron a seguir y a correr gritando ‘¡vos que vas a cobrar 8 mil pesos, caradura!’ Ni les contesté, corrí. Me escondí  y de ahí me vine corriendo.”, relata Natalia, todavía incrédula del temor que vivió aquella noche.

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En este marco de violencia social generalizada, pero al mismo tiempo con nuevas leyes que buscan mejorar su situación, Anahí encuentra muy claro el rol de su generación: “Nosotras arrancamos el proceso de lograr que la sociedad nos deje de marcar como un problema. Pero como eso recién ahora se está generando, son las generaciones de acá a diez años las que van a poder vivir a pleno con estos derechos.” Ambas remarcan que lo que hoy necesita la comunidad trans son políticas públicas que protejan y den herramientas en lo inmediato, mientras se trabaja en la transición a una sociedad menos violenta.

“Es una cuestión de decisión. Con la violencia de género y con todo tipo de violencia. Tenemos que tener la voluntad y la decisión política de dejar la discriminación de lado”, analiza Anahí. Mientras tanto, ellas buscan entender el origen de esa violencia, para poder neutralizarla. Ante la pregunta obligatoria, ¿qué se hace con el dolor?, responden con la lucidez esclarecedora de quien, a fuerza de convivir con él, aprendió a hacerlo su aliado: “Todos en algún momento somos víctimas de algo. Pero uno es víctima hasta que decide dejar de serlo. Esas son cuestiones políticas. La decisión es, ¿cómo hacemos que ese dolor que nos generó ser víctimas de algo se revierta? Tenemos que buscar convertirlo en un ejemplo de lucha.”

 

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One thought on “Ni una menos: La violencia machista desde ojos trans

  1. mi naturaleza es violenta porque reacciono a toda agrecion. desde lo mas insignificante y sutil moderación. de todos los géneros yo personalmente creo que es inútil estar o exponerte a alguien que te esta machacando la cabeza o peor que te pegue. no sigas esa persona no tiene retorno esta criado en ese clima y es su naturaleza ofender, lastimar, humillar ,amargarte la viada. yo sufrí violencia en alguna ves y nadie esta exento a este tipo de mediocridad humana.el amor se convierte en violencia cuando se termina . no tenes a quien joder , ni a quien jusgar . eso te convierte en un desnaturalizado de las cosas y les parece poder pero nada mas son personas vacías .eso sin agregar si tienen poder,si lo tiene te puede matar .y arruinar la vida d muchas personas .en la política en las instituciones,los medios masivos de información, productores etc gestos y palabras marcan es discurso hipócrita de la cuestión.

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