Ni una menos 2016-17

La violencia sexista, ese grito cada vez más visible en San Martín

Durante 2015 se cometieron 11 femicidios y se registraron 5.229 causas por agresiones de género en el distrito. Colectivos feministas y organizaciones políticas denuncian un retroceso por el macrismo y pretenden del Municipio nuevas políticas públicas de protección a la mujer.

Txt: Emmanuel Lorenzo / foto: Laura Sofía Muiños, Facundo Nívolo /efe

 

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Si no se presta suficiente atención al entrar, puede creerse que las mariposas de papel te observan, congeladas en la atmósfera por segundos, hasta extraviarse entre las hendijas de los cientos de libros que soporta la biblioteca empotrada sobre la pared lateral. Pero esa naturaleza efímera es una ilusión, uno de tantos estereotipos por desenquistar.

Sobre la calle San Martín 1751, frente a la técnica Emilio Mitre, el local partidario de Patria Grande alberga a Mala Junta, la colectiva que desde hace casi un año trabaja territorialmente en el distrito para atenuar las consecuencias que deja -como un reguero de testigos silenciosos- la violencia de género.

Actualmente, brindamos charlas de concientización, talleres de formación y consejerías abiertas”, explica Carolina Bordón, sumadas a otras acciones de inclusión coordinadas conjuntamente con el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE).

 

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Desde Mala Junta, advierten que durante “el macrismo se está retrocediendo en materia de derechos laborales y de igualdad de género”. “Se ejecuta un vaciamiento de las iniciativas en salud sexual y procreación responsable, se cerró la inscripción al programa Ellas Hacen, congelaron el monto de la Asignación Universal por Hijo y se avanzó sobre la derogación de jubilaciones a Amas de Casa. Son formas de violencia contra la mujer que condicionan su independencia”, denuncian.

En el mismo sentido, Lucía Capra, referente del Movimiento Evita San Martín, enfatiza  que durante el primer semestre de gestión de Mauricio Macri se degradó la problemática de género a un segundo plano: “En este contexto de ajuste y achicamiento, las primeras a las que buscan cambiarnos el eje de discusión y a las que más azotan es a las mujeres trabajadoras”.

La lucha de hoy se trata de empoderar a nuestras compañeras de los barrios para salir a la calle a defender lo conquistado. Eso habla de una maduración de la fuerza como organización social y de las mujeres comprendiendo nuestro papel protagónico. Ya no estamos solas. Levantamos la cabeza, nos vimos y hoy sabemos que somos muchas”, refuerza.

 

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La mayoría de las integrantes de Mala Junta sufrieron en carne propia casos de violencia de género en distintos grados: Nos acercamos no sólo para intervenir la realidad de San Martín, sino para transformar la propia, sostiene Luján Álvarez Castells.

Actualmente, delinean la agenda de desarrollo mediante tres ejes programáticos: Aborto, Violencia y Diversidad Sexual.  Aunque, principalmente, centran el trabajo en casos de acompañamiento de víctimas de agresiones de género y en la organización de talleres de sensibilización de la problemática en los barrios más alejados del casco municipal del distrito.

Desde el 3 de junio de 2015, jornada histórica de la primera marcha nacional bajo la consigna “#NiUnaMenos”, se cometieron 275 femicidios. Pese a la masiva visibilización que se logró del flagelo durante el año, la lectura fría de la cifra sólo representa una ínfima baja de la estadística de 2014, cuando se registraron 277.  San Martín no refleja excepción: durante 2015 se infligieron 11 femicidios, en el marco de 5.229 causas abiertas por violencia de género.  Los datos fueron sustraídos por Mala Junta del Foro Judicial de la Provincia de Buenos Aires y desglosados para su análisis: “Las mujeres de entre 26 y 35 años componen la principal franja de riesgo”, puntualiza Marilina Meng. Las tres compañeras de Mala Junta que  enfrentan la violencia sexista con trabajo de concientización, las tres que se prestaron a brindar esta nota, forman parte de ese rango. Ninguna lo menciona. No hace falta.

Y durante 2016, enfatiza Luján, ya se registraron 1933 denuncias. El 41 por ciento de ellas involucra a la ex pareja como victimario. “Esto demuestra que no alcanza con separarse. Necesitamos que los programas de contención crezcan en San Martín, como la apertura de una segunda Casa Refugio, el control de las medidas perimetrales y nuevas políticas públicas en cuestión de género”, exhorta.

Actualmente, el Municipio cuenta con el Sistema de Protección Integral para Mujeres que Padecen Violencia, a cargo de la Subsecretaría de Inclusión e Integración Social -de la Secretaría de Desarrollo Social-. Desde su puesta en marcha en 2012, según datos suministrados por voceros oficiales, ya se han asistido a más de 2.500 mujeres.

 

En el margen de acción del Movimiento Evita, Lucía circunscribe el trabajo territorial a tres puntales: “El primero, cuando estamos juntas, nos contenemos, el miedo entonces de a poco se va disipando. El segundo, la identificación de esas mujeres que sufren como nosotras mismas. A todas nos tocó desde diferentes lugares sobrevivir a distintos ataques de la violencia machista. Por último, el concepto de ´sobreviviente´ en lugar del de ‘víctima’: una sobreviviente es alguien que ha tenido la fortaleza de pasar por una situación pero pudo accionar para modificar su vida. Mientras que una víctima es pasiva. Tal vez parezca discursivo, pero realmente hablar de nosotras en términos de <víctima> nos genera muchísimo más dolor y vergüenza. Pensarnos como sobrevivientes nos da un indicio de quiénes somos o queremos ser: luchadoras”.

Desde su espacio de militancia, en el barrio de Chilavert, las mujeres del movimiento llevan adelante consejerías pre y post aborto. “Creemos que invisibilizar la salud de las mujeres es violencia, como la ausencia del Estado que debería garantizarnos nuestro derecho a la salud integral”, dice Capra.

 

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De regreso en el local de Mala Junta, las paredes despliegan un enjambre de fotografías de talleres y charlas abiertas organizadas junto a vecinos del barrio. Otra vez las mariposas de papel. Descienden hasta la mesa cubierta con una cartelera que cae firme con una confesión de identidad: Unidad Feminista de Construcción Socialista.  Coronando la habitación, una frase recorre el ambiente como un eco.  Las palabras de Lohana Berkins, la fundadora de la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual, fallecida en febrero de este año, parecen nacer  una  y otra vez: El coraje de ser mariposa”.

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