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Volvió el Carnaval a Suárez después de 25 años

Minicrónica sobre el reencuentro del barrio de José León Suárez con el carnaval luego de 25 años. Una jornada realizada a pulmón que resultó en una inolvidable reacción de los vecinos.

por Facundo Nívolo.

Cuenta el gallego que cuando tenia 8 años, el corso de Suárez arracaba desde el pancho susy casi al lado de la avenida marquez, y se extendía por la calle diagonal desembocando en la plaza Solís. Eran cinco cuadras de una murga tras otra, hace 25 años cuando en vez de aerosoles de espuma se vendian pequeños sachets de agua para mojarse, y hasta se alquilaban juegos mecánicos que se ubicaban al principio del corso y entretenían diversamente a los niños.

 

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Un 6 de febrero de 2016 un escenario volvió a cruzar la calle y la música todo volumen reprodujo a Maramá, Bachata y el tema del taxi “yo la conocí en un taxi”…

Sobre la vereda dos mesas de plástico, una con pomos de espuma, la otra expendiendo patys y choris con un tornado de humo blanco detrás.

La noche hasta las 12 arrancó desconfiada, con poca gente, algún curioso que escucho la invitación del locutor improvisado.

 

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Unos bombos breves de los propios organizadores van calentando motores. Cuando de los primeros micros bajan pibes y pibas disfrazados, las reposeras sobre la veredas empiezan a multiplicarse, tras las puertas abiertas van quedando las teles encendidas, solitarias.

 

 

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La tía del gallego directmente no se acuerda. Entonces recurrimos a su madre, Mirta. Sacan cuentas junto a su hijo “vos eras chiquito”, “yo tengo 38 años para que te des una idea, asi que al menos 30 años”. Finalmente cerramos en 25 la cifra que es replicada una y otra vez por el animador desde arriba del escenario.

 

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No queda casi ninguna puerta cerrada sobre a cuadra. Desfilan “los latidos” de Villa Hidalgo, “los rebeldes” de Lanzone, y también otras murgas de distintos barrios: de Carcova, Boulogne, Villa Rosa, Moreno.

 

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Una docena de cristales brillosos sonrien en las caras de las abuelas espectadoras, las mamas sacuden a sus nenes en brazos, una soltera dispara rey momo a la cara de un pretendiente merodeante, el kiosco improvisa venta de bebidas y mas de uno, hasta hacemos cola para hidratarnos.

 

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A alguno se le pianta un lagrimón. Recuerda las noches de verano por que el balcón de su casa siempre estuvo en esta esquina de Diagonal Suárez y calle Nieves. Infinidad de veces en ese palco de lujo, apreciando el espectáculo que hoy recorre caminando lento, con su chaleco de fleco y lentejuela aunque no le cierre como antes y en vez agua, sea espuma blanca la que le resalta la sonrisa.

 

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