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45 minutos en que la vida pendía de un hilo

 

El muchacho apenas respiraba, y su mirada se desconectaba de la realidad. Su pequeño hijo jugaba con un papelito, mientras su compañera le besaba la mejilla a cada rato. Habían venido “a pedir” a la Capital, eran de Rafael Castillo, y hacía tres días que el hombre no comía.

txt y foto: Pablo Caprarulo

 

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La ambulancia no llegaba. En frente, en la Plaza de los Dos Congresos y adentro de la Cámara había un encuentro por el Día de la lucha contra la Violencia Institucional, con charlas y debates en las que participan referentes políticos, sociales y gremiales. Este año hablaban sobre la criminalización de las protestas, el año pasado se había hablado sobre la estigmatización de la pobreza, de los pobres.

Ante mis ojos, el muchacho estaba ahí, y la ambulancia no llegaba. Hacia unos minutos, otra ambulancia se había llevado a una señora atropellada a pocos metros, también había esperado media hora. Pero ahora el pibe seguía sin respirar bien. Pero su ambulancia no llegaba.

Contradiciendo todos los prejuicios que indican que las organizaciones sociales están llenas de inescrupulosos vagos, el muchacho fue asistido por enfermeros de la Tupac Amaru, organización social que conduce a nivel nacional la primera presa política del macrismo, Milagro Sala.

Cuando pasan estas cosas el instinto fotográfico entra en contradicción con lo humano, pero había una historia para contar. Una vida pendía de un hilo.

 

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Agustina, enfermera y responsable de salud de la organización barrial, relató: “Fui la primera que acudió al accidente de la señora con el auto. La ambulancia tardó casi media hora en llegar a atenderla, y mientras tanto, otro de los enfermeros atendió al muchacho en la vereda de enfrente. En ese momento llamamos 3 veces avisando que necesitábamos dos ambulancias y mandaron sólo una”.

El segundo móvil llegó recién 45 minutos y siete llamados después. “No es normal que tarden tanto, pero estamos acostumbrados a que demoren porque somos nosotros. Si bien no nos identificamos como una organización política cuando llamamos a una emergencia, ellos saben por la ubicación que damos, que estamos participando de una movilización o actividad”, dijo.

Este tipo de demoras y desatenciones que señala Agustina son en realidad una parte más de toda la situación que viven como organización: “Lamentablemente se toman su tiempo para enviar la asistencia médica. He acompañado a compañeros al hospital y escuchamos comentarios horribles y nos dicen de todo, tanto los médicos como los enfermeros.”

 

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Integrantes de la Tupac Amaru señalaron también que, durante el mandato de Cristina Fernández de Kirchner, eran siempre apoyados por 2 o 3 ambulancias. En las movilizaciones grandes tenían las postas sanitarias que siempre los asistían. Con la gestión de Mauricio Macri la situación cambió para mal: “Nosotros estamos organizándonos porque sabemos que esto se está poniendo duro y cada vez van a tardar más en acudir las ambulancias, así que nos toca prepararnos más para cuidar a los compañeros”.

En las mismísimas puertas del Congreso de la Nación Argentina, podrías morirte esperando la asistencia de una ambulancia, así estés cometiendo el “pecado” de participar en una movilización o casualmente pasando por ahí. Paradójicamente, los únicos que podrían salvarte mientras esperas, serían los enfermeros de la Tupac Amaru, esa organización demonizada que también salva vidas en emergencias.

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