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La Organizacion Tupac Amaru desde adentro

La mediáticamente cuestionada organización social como nunca la viste. Desde adentro. El fotógrafo Sebastián Miquel se internó durante una semana en Jujuy, recorriendo los distintos barrios donde construye la Tupac.

txt revista nuestraCultura / foto sebastian miquel

El instante decisivo para el fotógrafo Sebastián Miquel ocurrió cuando, luego de tomar impulso, y parafraseando a Henri Cartier-Bresson, puso en la misma línea de mira su cabeza, su ojo y su corazón. La obra“Abia Yala, hijos de la tierra” es síntesis de esa tríada.

 

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Viajó hasta Jujuy y, durante una semana, retrató a las personas que integran la organización social Tupac Amaru, que desde 1999 se extiende en las localidades de El Carmen, Palpalá, La Esperanza, Calilegua, Humahuaca, San Pedro y La Quiaca. Plasmó su mirada en casi medio centenar de imágenes. Mostró que la organización es una forma cultural, un ritmo compartido, “como respirar al mismo tiempo”, diría Sandra Russo en la presentación de esta serie documental.

 

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Abia Yala era un mar de bonanza y felicidad para los pueblos originarios americanos; era la tierra fértil, equitativa, que significaba América antes de la conquista. Ese espíritu absorbió en Jujuy la asociación Tupac Amaru, hoy liderada por Milagro Sala. Esta red reúne a 70.000 personas que trabajan colectivamente para llevar adelante un proyecto social valioso: ya construyeron 10000 casas, polideportivos, piletas de natación, fábricas, talleres, centros comunitarios y de rehabilitación, consultorios médicos y jardines maternales.

 

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Día a día, Miquel fotografió a obreros, educadores, estudiantes y trabajadores de la salud. “Faltaba mostrar las historias de los que hacen las obras. Hay un gran nivel de organización vinculado con la cultura indígena, no solamente con la necesidad de trabajo. Es un fenómeno cultural y una forma de vida. Fue gratificante poder documentarlo”.

 

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–¿Cuál es el objetivo de este trabajo? –Quiero sensibilizar, transmitir un mensaje que no está difundido. Puse el foco donde hoy los medios no lo hacen. La fotografía es una herramienta que colabora con el cambio: desde el arte, puede comunicarse una sensibilidad diferente que abre expectativas y discusiones en otros ámbitos sociales.

Lejos de la demonización y de los ataques surgidos desde algunos medios y sectores políticos hacia la Tupac Amaru, Miquel contó, a través del lente, una realidad difícil de digerir para muchos: la de los pobres organizados y liderados por una mujer de origen colla. “Con mentiras, se trató de ponerlos en un lugar indeseable para la sociedad. Los acusaron de ser una organización armada que traficaba droga”

“Hay sectores que no concuerdan con la forma de construir que tienen las asociaciones, y transforman su trabajo en un discurso que criminaliza la lucha social. Eso significa destruir un gran emprendimiento que –a mi juicio y el de muchas personas– merece ser rescatado. Por eso, me escapé del registro periodístico y fui a buscar humanidad”.

 

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–En lo personal, ¿qué le dejó esta experiencia? –Aprendí a no callar cuando mienten sobre algo que vale la pena. Lo que me movió a sacar estas fotos fue saber que esta realidad estaba siendo atacada. Durante la edición del material, que a fines de abril se convertirá en un libro, Miquel se reencontró con las miradas de sus retratados. “Al verlas, supe que había llegado adonde quería”.

 

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–¿Adónde? –A una revolución cultural capaz de generar una sociedad más sensible y abierta a la diferencia

 

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