Padre Pepe: Entrevista al cura villero más famoso

txt: Pablo Caprarulo / foto: Facundo Nívolo

El Padre Pepe nos cuenta cómo ve el barrio en donde vive desde hace mas de dos años, y los planes que tiene para transformar la realidad de su gente.

Entre los cuadros y fotos que recubren las paredes de la mínima oficina de José María Di Paola, se destaca el de una camiseta enmarcada de Huracán, que curiosamente está autografiada por un hincha de San Lorenzo. Claro que no es cualquier hincha del ciclón, el trazo de fibrón negro delinea el nombre “Francisco”. Una foto acredita el momento exacto en que el Papa se la dedica a su amigo, el Padre Pepe.

 

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Pepe, a secas como muchos lo llaman, llegó a Cárcova un mes antes de que el cardenal Bergoglio fuese ungido como máximo pontífice en marzo de 2013. Y se encontró una vez más con la realidad de las villas de Buenos Aires, después de vivir dos años en el monte santiagueño, lugar al que debió irse tras las amenazas de muerte que recibió en la 21-24 de Barracas.

Mientras ceba un mate, nos cuenta como fueron sus días en Santiago del Estero. Allí se relacionó con el Mocase (Movimiento Campesino) y con la problemática de las tierras, donde la gran concentración en pocas y poderosas manos hace que muchos habitantes del monte que vivieron durante generaciones entre árboles y cabras, deban buscar refugio en las grandes ciudades, donde pierden todo su arraigo cultural y su forma de sustentación económica.

Macacha: ¿Te cambió la manera de ver lo que pasa en el Conurbano al volver de Santiago?

Padre Pepe: Si totalmente, de todo. Yo estuve 15 años encerrado en la villa 21, dedicado sólo al trabajo ahí, que está bien, pero también te puede parcializar, y la ida a Santiago me abrió el contacto con un mundo de escuelas rurales, monte, campesinos, que si bien lo conocía de ir a misionar, el estar conviviendo allí es muy distinto. Conocí también otra pobreza, allá es más grande, lo que no tiene es la marginalidad de acá. Pueden vivir con una paz y una riqueza espiritual muy grande. No hay armas, sólo alguna para matar a algún bicho, no hay robos, los ranchos están siempre abiertos, ahí el vinculo es realmente humano. Es una vida diferente, una Argentina diferente. Creo que la vuelta al campo sería una solución a varios problemas. No sería lo único, pero que es una pata importante y re interesante de la mesa, lo es. Es volver a las raíces, volver a la patria que teníamos. La gente de los parajes monte adentro valora muchísimo la salud, la educación, muchas veces a pesar de tener que recorrer enorme distancias para obtenerlas. Entonces es como que hay ciertas cosas que nos tenemos que replantear de la ciudad moderna, porque a ellos que les costaba lo valoraban mucho, y acá tenemos las cosas a mano, la utilizamos mal y a veces no es problema de las personas si no de la institución, que no llega de manera correcta.

 

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Macacha: ¿Qué diferencias encontraste al llegar a Cárcova con las villas de capital?

PP: Las villas de Capital, a diferencia de cuando yo llegué a Barracas en el 97, tienen una exposición muy grande en la gente, todos tienen en la cabeza al decir la palabra villa: “La 31”, “La 21” “El Bajo Flores”, “Lugano”, ”Ciudad Oculta”. Sin embargo ninguno piensa en Cárcova, San Petersburgo, ni ninguna de todas las villas de la provincia. Han Tenido una mirada y también una propuesta, de parte de la dirigencia, de fundaciones, de organizaciones y de gente que quiere ayudar, entonces todas las villas de capital tienen esa pequeña ventaja. Las villas bonaerenses están mucho más desprotegidas, están como invisibles a los ojos de la sociedad.

Además en Capital tienen la lógica de que el cura vive dentro de la villa desde Mujica a esta parte. Esto no es una cosa nueva, entonces la parroquia es una realidad dentro de la villa, que no solo es espiritual sino también social y eso es muy fuerte. En la villa también se han desarrollado desde la capilla un montón de actividades nuevas, y muchas organizaciones que a través de la capilla logran establecerse, porque es un terreno no conocido, difícil, y con la presencia del cura esa tarea se facilita. Todo eso influye, y para la gente de Cárcova es algo nuevo que haya un cura, que haya parroquia. Tengo una experiencia llamativa que tiene que ver con esto. Cuando fue la inundación grande de hace un par de años, mi casa también se inundó, entonces viene una mujer, me encara y me dice: “¿Ey cura, qué va a hacer la Iglesia ahora? Y yo le contesté: “primero tengo que sacar el agua igual que vos y después te diré”. Más tarde volvió a pedirme disculpa, que estaba nerviosa y que la realidad es que no están acostumbrados a que un cura viva ahí con ellos. Seguramente sintió que la iglesia vivía igual que ella, que estaba ahí con las patas en el barro, que no era que yo venía de afuera “a ver qué podemos hacer por esta gente”.

Tenés de todo, esta gente que va comprendiendo eso, y tenés al tipo que no le conviene que haya institucionalidad, que haya organización, porque un barrio cambia, imagínate…”La organización vence al tiempo” (NdR: Frase de J.D. Perón), tenía razón el General, y se refería a que un barrio, que tiene una buena escuela, una buena parroquia, un buen centro deportivo… cambia todo, porque los pibes tienen de dónde agarrarse, si no las familias no saben qué hacer, y ahí empiezan los problemas de existencia de los chicos.

 

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Entonces yo me imagino a la Cárcova, con la escuela de oficios Monseñor Romero, que estamos levantando, después con el CePLA (Centro de Prevención Local de Adicciones), con la Parroquia y con centros recreativos deportivos en cada capilla, más la escuela. Entonces tenemos otro barrio.

Formamos una telaraña que va haciendo que los pibes no estén más en la calle boludeando. Este pibe ahora está a la mañana en el CePLA, a la tarde en la escuela, a la noche en la parroquia, el sábado se va de campamento con la iglesia y bueno…es otro pibe, esto evidentemente a algunos no les gusta.

Macacha: ¿Cómo ves el problema del narcotráfico en las villas hoy?

PP: Yo pensaba que era un problema muy de las villas y me di cuenta que es un problema muy de Argentina. Cuando desde un pueblo pequeño te llaman para dar una charla sobre drogas, decís, “acá algo pasó que me perdí”. Y hay pensamientos muy individualistas. Por ejemplo el otro día me consultan por una marcha en favor de la despenalización de la marihuana mientras daba una charla, y yo les digo que no es lo mismo un cigarrillo de marihuana 10 cuadras para allá, que 10 cuadras para acá. Porque 10 cuadras para allá tenés un pibe que tiene una escuela que tiene un club, que tiene una familia, que si se quedó sin trabajo se puede conseguir otro…de este otro lado, las 10 cuadras para acá, se transforma en un abismo, porque de ahí va al paco y de ahí a otra sustancia. Para muchos lo importante son “mis derechos y mis libertades” cuando en realidad en un pensamiento colectivo, tengo que pensar que aun suponiendo que la marihuana no hiciera nada, si yo la legalizo… ¿Qué le pasa al pibe que vive 10 cuadras para el lado de la villa? ¿Tiene los mismos efectos? ¡No! Entonces dejemos de pelear por esto, al menos por ahora no es una prioridad, y si llegara a seguir siendo para mí una prioridad es porque mi importa 3 carajos la salud del más pobre. La droga ha sido un instrumento de esclavitud para los pueblos, no de liberación.

 

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Macacha: ¿Cómo te imaginas Cárcova en el futuro?

PP: Mirá, yo decía que por lo menos acá en Cárcova tengo que estar 10 años fogoneando un trabajo comunitario, sin grandes expectativas, pero ya con el formato que le estamos dando. Trabajar ese tiempo, si Dios quiere, va a permitir cambiar la vida de muchos chicos. Tenemos el centro de recuperación, la escuela de oficios que ya va teniendo forma, a todo esto ir dándole en el tiempo una organización que se pueda decir: este chico tuvo 10 años de campamento, 10 años de salidas a distintos lugares. Ya estamos organizando retiros espirituales, que es ni más ni menos que irse de la casa un sábado y domingo, salir del quilombo diario y pensar en cómo vamos orientando nuestra vida. Es eso, sacar a los pibes, llevarlos a conocer la playa, el mar. Entonces en 10 años vas transformando, son trabajos que se van a haciendo bien de abajo, que la gente se vaya sumando, que en lugar de 100 sean 1000, tiene que haber una transformación constante y masiva de la gente, es la única forma, no se va a cambiar solamente porque haya un beneficio económico. Yo le decía a Jorge Taiana cuando vino hace unas semanas. “Acá lo que falta es institucionalidad.” Un barrio donde haya por ejemplo una parroquia, donde se pueda participar y ser parte. Donde esté el mejor club, la mejor escuela, las mejores instituciones, todo eso debemos ponerlo en las villas de la provincia para poder transformar el barrio. Porque el barrio no se transforma porque pongas luz, pavimento y una casita más linda, porque puede seguir teniendo las mismas dificultades adentro. Se cambia en la medida que les des la posibilidad de crecer a la persona por otro lado también.

Macacha: Cualquiera se sentiría feliz con que alguno se le acerque y le diga “vos me cambiaste la vida”, a vos te debe haber pasado y más de una vez.

PP: Hay pibes que estaban en cualquier cosa y hoy en día son dirigentes infantiles o juveniles, y los veo ahora organizando campamentos, torneos…claro los pibes no tenían esa oportunidad, por eso te digo que es importante la institución y una institución que permanezca.

Hay chicos grandes que se acercan ya con sus propios hijos, y ellos, los mas chiquitos, me llaman abuelo, porque les dicen “éste es mi viejo verdadero”, refiriéndose a mí, y eso es una sensación de haber sido padre de la villa como corresponde. Ésto de estar 10 años preocupándose por la persona común y corriente y entablando un vínculo, tratando de buscar una solución. Por eso acá no es un trabajo de toco y me voy, acá tiene que ser un trabajo grande y a largo plazo. Es lo que quiero para Cárcova, Independencia, 13 de Julio y todas estas villas de San Martin que lo están necesitando.

 

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