Diciembre con la Cooperativa Textil Esperanza

txt: Vanina Pasik / foto: Pablo Caprarulo, Facundo Nívolo

Diciembre es un mes muy especial. Para los familiares de personas detenidas y víctimas de violencia institucional con las fiestas de fin de año las ausencias se potencian. Noemí Santana tiene dos sillas vacías esta Navidad, y se emociona cuando agradece “a todos por estar acá ”.

 

 

Es el brindis de fin de año de la Cooperativa Textil Esperanza, que nuclea a familiares de detenidos y víctimas de violencia institucional, y los dos invitados de lujo son el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y la Madre de Plaza de Mayo, Norita Cortiñas.

 

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También se mezclan entre las copas de sidra, los turrones y el pan dulce, el diputado nacional del Movimiento Evita Leonardo Grosso, los concejales sanmartinianos Julián Ríos y Zulma Duette, y Roberto Cipriano de la Comisión Provincial por la Memoria. La Cooperativa Esperanza es un ejemplo de lucha por muchos motivos. Surgió hace cinco años, cuando un grupo de mamás que se conocían de la puerta del colegio, se encontraron viajando a visitar a sus chicos al penal. Compartieron las dificultades, entre ellas las económicas: “porque tener un familiar detenido significa tener que mantener dos casas”.

 

La Cooperativa Textil Esperanza nuclea a familiares de detenidos y víctimas de violencia institucional

Noemí Santana conocía bien el oficio textil, y les propuso empezar a coser almohadones para venderlos en las ferias de los barrios cercanos. Les prestaban unas máquinas en una iglesia, dos horas a la semana, y ellas cosían a todo vapor, todo lo que podían. Y salían a vender. Al poco tiempo se dieron cuenta que si se asociaban entre ellas, conseguían máquinas propias y se organizaban bien podrían mejorar el salario que recibían trabajando para otros.

 

 

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Así nació la Cooperativa Esperanza, que hoy agrupa a 48 familiares de víctimas de violencia institucional, y funciona en uno de los accesos al barrio La Rana de San Martín. “Muchos de nosotros hacía mucho que no teníamos arbolito. Hay compañeras que trajeron los adornos que tenían guardados, que eran de sus mamás. Para nosotros es muy importante en esta fecha estar juntos”, dice Noemí al pie del arbolito de Navidad, e invita a colgar los angelitos que acaba bendecir el Padre Pepe.

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“Tener un familiar detenido significa tener que mantener dos casas”

“Jesús eligió nacer en un pesebre”, explica el cura villero, porque entre los humildes nace el amor. Y destaca al hijo de Dios que peleó por la Justicia, como hacen las familias que se organizan en Esperanza, porque la violencia institucional no es un flagelo que afecte a todos por igual: la mayoría de los tormentos policiales son recibidos por los cuerpos jóvenes y morenos de las barriadas. Bendijo también el altar y el mural de “nuestro pibes caídos”, donde las fotos de los chicos que ya no crecerán rodean un par de ojos llenos de lágrimas, donde se refleja un patrullero, con armas apuntando a mansalva.

 

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A su turno, Norita Cortiñas entona aquella estrofa que reafirma que “No tenemos miedo”. Pérez Esquivel propone pensar la actual victoria electoral del macrismo como una “suspensión de la conciencia”. Compara al apoyo que recibió la revolución de la alegría -ocultando sus planes económicos y represivos-, con aquellos humanos de uniforme dispuestos a masacrar a otros en los campos de concentración de nuestra última dictadura militar.

No se malinterprete. Pérez Esquivel limitó su comparación a este aspecto, de la suspensión de la conciencia, pensando en la empatía. “Se diluye la responsabilidad en el colectivo”, analiza. Y cuenta que cuando se entrevistó con el arrepentido Adolfo Scilingo, militar argentino que arrojó cuerpos adormecidos al Río de La Plata, en los “vuelos de la muerte”, se justificó contando que a él le decían que estaba “salvando la Patria de la amenaza comunista” y que a la vuelta los bendecía un Capellán de la Iglesia. Pérez Esquivel abrazaba contra su pecho uno de los juegos de cortinas que las compañeras cocieron en vivo para regalar a sus visitas, como una performance que reivindica al trabajo.

La violencia institucional no es un flagelo que afecte a todos por igual: la mayoría de los tormentos policiales son recibidos por los cuerpos jóvenes y morenos de las barriadas.

 

“Acá vienen muchas mamás que no llegan a procesar lo que les pasó. Y se sientan y cosen, y trabajan, y estando juntas vamos encontrando la Esperanza para salir adelante”, explica Noemí.

“Yo no sé a qué hora murió mi hijo”, remarca. A Alan Andrada lo fusilaron en la Masacre de Villa Adelina. Los videos de las cámaras del patrullero, que se hicieron públicos como una reivindicación del accionar policial en el canal Todo Noticias, demuestran que los chicos estaban reducidos y que la balacera era innecesaria. Además marcan el horario de los hechos, por la mañana. A ella la llamaron recién a la tarde, y en el Hospital de Vicente López le informaron que su hijo no había sobrevivido a una intervención quirúrgica. Si hubiera sobrevivido de haber recibido atención antes, es una incógnita que ningún juzgado investigó.

 

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Antes de lo de Alan, Noemí ya había empezado con la Cooperativa, cuando su hijo Maximiliano Santana cayó detenido. Se tomó unos meses y siguió adelante con la lucha. Tiene a su nieta Lola, hija de Alan, a su nieto Nehuén, hijo de Milton, y en camino un retoño más, de su hija Nara. El menor de sus chicos, Lautaro también la necesita fuerte. No quiere que ningún chico más sea presa del discurso de la “inseguridad”, que oculta el entramado judicial y policial detrás de todos los hechos delictivos.

 

Noemí participó de la presentación del informe de torturas de la Comisión Provincial por la Memoria, donde se registraron casi 7.000 casos de tortura en este año.

“Lo que nos importa es que toda la sociedad entienda lo que pasa en los penales, donde la mayoría de los chicos están sin condena. La pena consiste en perder la libertad, pero el resto de los derechos, la salud, la educación, la alimentación, deberían respetarse”, destaca Noemí, que participó de la presentación del informe de torturas de la Comisión Provincial por la Memoria, donde se registraron casi 7.000 casos de tortura en este año. Es imposible calcular la cantidad que no llegaron a denunciarse.

Cada tanto falta una aguja de coser, o aparece escondido un enchufe. Las costureras están seguras: nuestros chicos están presentes, tan traviesos como siempre, dando fuerzas y Esperanza.

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