Esta réplica se encuentra en el Bosque Urbano en la Universidad Nacional de San Martín.

Las piramides de nuestra historia

txt Eliana Esteves, Lionel Gaita Bressan / foto Facundo Nívolo

Las pirámides existen en todo el mundo, tanto como símbolo como construcción. Son una herencia que recibimos de civilizaciones antiguas pertenecientes a diferentes épocas y regiones, y además de ser puntos turísticos de enorme concurrencia poseen propiedades aún poco investigadas por la ciencia tradicional.

Las vemos todos los días. Están en todas partes: desde Méjico hasta China y Japón, pasando por alguna repisa de tu casa rodeadas de otras chucherías, tus cuadernos de matemática del colegio, los billetes de un dólar y hasta en algún que otro dije o arito. Las pirámides son uno más de los objetos que nos rodean y a los que pocas veces les prestamos alguna atención especial.

Sin embargo estas construcciones fueron cruciales para los pueblos de la antigüedad, y son con los calendarios, uno de los legados que recibimos de ellos y que permanecen vigentes en la actualidad. En Egipto están las más famosas, que junto con la Esfinge reciben miles de turistas por año. La pirámide de Guiza tiene dos millones 300 mil ladrillos cuyo peso varía entre las dos y las veinte toneladas, y que están apilados con una precisión tal que aún hoy los científicos no saben explicar con certeza cuál fue la tecnología aplicada: “Los arqueólogos dicen que a esa pirámide la construyeron en veinte años. Si hubiesen tardado veinte años hubiesen tenido que poner un ladrillo cada dos segundos, sin parar los 365 días del año, las veinticuatro horas del día. Es imposible con la teoría de la ciencia que sea verdad”, propone Carlos Duarte, tallerista de educación ambiental del Bosque urbano.

 

“Los arqueólogos dicen que a esa pirámide la construyeron en veinte años. Si hubiesen tardado eso tendrían que haber puesto un ladrillo cada dos segundos, sin parar los 365 días del año, las veinticuatro horas del día”

 

En Méjico se repite una historia similar. La pirámide del sol, ubicada en la ciudad de Teotihuacán, suele ser comparada con la gran pirámide de Guiza por sus dimensiones: tiene 63 metros de alto y 225 metros de lado. En la misma ciudad se encuentran la pirámide de la luna y la de la serpiente emplumada, un tanto más pequeñas. Luego, en Chichén Itzá está la pirámide maya de Kukulkán, conocida mundialmente porque el día del equinoccio de primavera el sol impacta en ella de manera que la sombra de sus escalones proyecta la forma de una serpiente que desciende desde la cima hasta el suelo. Es decir que los mayas la diseñaron específicamente con el propósito de que funcionara como calendario.

Entonces, si bien la función más conocida de las pirámides para los pueblos antiguos fue la de ser templos para la adoración de sus dioses, para ritos funerarios y para sacrificios rituales como es el caso de Méjico, actualmente se están develando otros usos y simbologías de estas construcciones. No parece casual que muchas de las grandes civilizaciones antiguas, totalmente desconectadas entre sí en tiempo y espacio, hayan dedicado siglos y miles de vidas a su construcción. La cantidad de recursos que demandaba de la sociedad la realización de semejantes obras arquitectónicas puede explicarse con el factor religioso-social, aunque podría no ser el único.

 

Para que las pirámides puedan activar y potenciar estas supuestas propiedades, deben estar orientadas de una manera particular, con una de sus caras alineada con el punto cardinal del Norte

 

Algunas teorías proponen que las estructuras piramidales poseen propiedades energéticas particulares, que podrían haber sido utilizadas por los pueblos antiguos con finalidades como la de mejorar las condiciones de crecimiento de sus cultivos y la calidad de su agua. También son populares las ideas que relacionan la forma de la pirámide a la elevación espiritual, ya que en teoría, capturarían y amplificarían la energía cósmica. Estas propiedades energéticas facilitarían su implementación en diferentes campos, como el de las medicinas alternativas, que las utilizan para realizar meditaciones, desviar energías negativas y atraer energías positivas: “Podés meditar adentro de una pirámide y genera otros efectos, y lo que hace la pirámide es juntar energía del ambiente a partir de la forma que tiene y del material del que está construida”, explica Carlos.

Estas teorías sostienen que para que las pirámides puedan activar y potenciar estas supuestas propiedades, deben estar orientadas de una manera particular, con una de sus caras alineada con el punto cardinal del Norte.

 

“diseñaban las ciudades, las casas y los templos en función de que la sociedad esté dispuesta al encuentro con dios, con la divinidad. Superár lo material. Construyendo la divinidad entre los pares. Las pirámides también representan eso, es una concepción filosófica”

 

En relación con la función social de las pirámides en las sociedades antiguas, Duarte propone que lo que se buscaba era también generar un vínculo entre lo material y lo espiritual: “diseñaban las ciudades, las casas y los templos en función de que la sociedad esté dispuesta al encuentro con dios, con la divinidad. Superás lo material y te encontrás con la divinidad, y a su vez la disposición de la sociedad atrae la relación con la divinidad. Estas construyendo la divinidad entre tus pares. No hay separación. Las pirámides también representan eso, es una concepción filosófica.”

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